Encuenta el contenido que necesitas

Ingresa a tu cuenta grupoeducar

Oct 2020 - Edición 245

Educar en el cuidado del medio ambiente

Suscríbete a nuestra revista y podrás leer el contenido exclusivo online

Regístrate y accede a la revista

Salir al recreo vale la pena

En tiempos como los actuales, donde hemos visto cómo una pandemia mundial puede cambiar nuestras vidas, lo aprendido durante los recreos se valora todavía más. Ya que, como señalan los expertos, los recesos desarrollan habilidades socioemocionales como la empatía, la resolución de conflictos y la toma de decisiones responsables, entre otras.

Por: Marcela Paz Muñoz I.
Salir al recreo vale la pena

“Un apoderado me llamó solicitándome matrícula para su hijo de 16 años para octavo año básico, porque había sido expulsado al agredir a su profesor. Su madre, muy preocupada, me señaló que su hijo sufría constantes agresiones psicológicas de parte del docente por sus malas notas y por su físico. Me cuenta que prefiere decirnos toda la verdad porque de verdad cree que en esta escuela podíamos ayudarle y éramos diferentes”.

Isabel Carmona, Directora de la Escuela Araucarias de Chile, de la comuna de Conchalí

Con esa información es que la directora de la Escuela Araucarias de Chile, de la comuna de Conchalí, Isabel Carmona, se refiere a los momentos cuando se gestó en su escuela la idea de darle un sentido real a la hora de los recreos.

“Cuando asumí pude observar cómo a través de los recreos era posible cambiar el hecho de que nuestra escuela no era valorada por la comunidad, y por eso tenía el apodo de ‘gallinero’. Además, teníamos profesores desmotivados por los constantes cambios de directivos y por no tener claro el camino”.

En esa oportunidad, continúa la directora, conversamos junto al encargado de Convivencia “y establecimos un acuerdo mutuo de buen comportamiento. Luego, el joven es incorporado al taller de fútbol y se le da la responsabilidad de entregar el material deportivo en los recreos… Estaba todo bien hasta que, en una competencia en otra escuela, el alumno se molesta porque le cobran una falta, insulta al árbitro, rompe a puntapiés una cañería en el baño y se va del colegio sin pedir autorización al profesor a cargo”.

–¿Qué medidas se tomaron?

–Citamos al alumno y establecimos el siguiente diálogo: “Sé que me van a expulsar, pero lo hice porque me dijo «negro c…» y me sacó la madre y eso yo no se lo permito a nadie”. “No habrá expulsión, pero tendrás que cumplir tareas que se te asignarán y será tu última oportunidad”, le respondimos.

Magdalena Müller, Directora de pregrado de la Facultad de Educación de la Universidad Católica de Chile

Cuenta la directora que se estableció un compromiso: “El alumno debía elaborar dos cartas, una dirigida a la directora del establecimiento donde se originó el conflicto, ofreciendo las disculpas correspondientes y poniéndose a su disposición; la segunda carta, dirigida al encargado del partido. Además, iba a estar por dos semanas a cargo de organizar partidos de fútbol a los más pequeños en los recreos, no permitiendo ninguna falta ni de improperios ni de malas palabras”.
Desde esa fecha hasta su graduación, nos cuenta muy orgullosa la directora Isabel Carmona, “fue un joven que no provocó ningún conflicto. Por el contrario, aconsejaba a sus compañeros ¡pórtate bien!”.

“Los docentes deben tener conocimiento del desarrollo y el aprendizaje en contextos informales, los factores que lo benefician y los que lo obstaculizan, y tener estrategias para mediar en esas instancias”.

Ese trabajo y esfuerzo por trabajar la convivencia escolar durante la hora de los recreos nació en el año 1997, fecha en que se buscó instaurar un proyecto educativo institucional cuya misión era formar niños con un perfil comunitario, solidario y humanista. “Bajo esta propuesta, la comunidad y las familias debían formar parte del quehacer de la escuela”.
En esa oportunidad, al evaluar los recreos de los niños, “observamos que sus juegos eran muy violentos y que muchas veces repetían los conflictos del barrio. Por ello, invitamos a trabajar a las “Mamás Voluntarias”, quienes se incorporaron realizando turnos para colaborar en los recreos. De esa forma, los niños empezaron a interesarse por participar en aquellos juegos donde había un adulto”, señala la directora.

Esos años fueron los primeros esbozos de lo que hoy en la Escuela Araucarias se conoce como los recreos entretenidos. “De hecho, cuando asumí pude observar cómo a través de los recreos era posible cambiar el hecho de que nuestra escuela no era valorada por la comunidad, y por eso tenía el apodo de ‘gallinero’. Además, teníamos profesores desmotivados por los constantes cambios de directivos y por no tener claro el camino”.

Con esos antecedentes en la mano, la directora modificó los recreos y los llamó “Al jugar yo aprendo a ser persona”. Proyecto que ha dado sus frutos, porque al día de hoy, cuenta Isabel, se elevó el nivel de asistencia y se produjo una mejora muy significativa en la convivencia escolar. Ahora los niños sí quieren ir a la escuela y llegan temprano al colegio, están desde las 7.30 de la mañana en el establecimiento”.

A todo ello se suma, señala Isabel Carmona, una mejoría en los resultados académicos. Además, “los conflictos entre los niños son esporádicos y se tratan de evitar antes de que sucedan, ya que son ellos mismos quienes informan cuando saben que se avecina alguna dificultad”.

Sucede que esa experiencia valida lo que señala Magdalena Müller, directora de pregrado de la Facultad de Educación de la Universidad Católica de Chile: “El recreo es una de las instancias más valoradas por la mayoría de los niños y jóvenes en su etapa escolar. Se trata de una instancia de aprendizaje informal que favorece el desarrollo en distintos ámbitos; tales como físico, cognitivo y socioemocional”.

Genevy Moreno, Académica de la Universidad Alberto Hurtado

La hora del recreo, dice la académica de la UC, permite mover el cuerpo, jugar distintos tipos de juego dependiendo de la edad y los intereses: juego sociodramático, juego físico, juego de reglas, juegos simbólicos. “Todos estos juegos favorecen tanto el desarrollo físico, como el cognitivo, social y emocional ya que jugar implica ponerse de acuerdo, acordar normas y reglas, resolver conflictos, todas habilidades muy importantes para el desarrollo social. Por otra parte, la actividad física y la distracción favorecen que luego puedan refocalizar su atención en los desafíos que implica el aprendizaje formal y regular la conducta en la sala de clases”.

“(El recreo) es un tiempo de convivencia más explícito y tiene la ventaja de ser una actividad que se realiza por gusto y voluntad, esta libertad de acción y espacio ofrece más posibilidades para explorar las conductas reales y más espontáneas de los alumnos”.

En esa misma línea, señala Genevy Moreno, académica de la Universidad Alberto Hurtado, que “el recreo ofrece oportunidades concretas de aprendizaje social y emocional principalmente, pues se ponen en marcha habilidades para resolver conflictos, ampliar repertorios conductuales que remitan mayor bienestar, tomar conciencia del otro, legitimar al otro. Este aprendizaje les permite integrar en su vida conceptos, habilidades, valores y actitudes con los cuales construirán una identidad personal; también, reconocer y comprender mejor sus emociones y las de los demás, tomar mejores decisiones, relacionarse más positivamente con otros, enfrentar situaciones desafiantes constructiva y éticamente. Se aprende en el ser y en el hacer.”

Las habilidades

Tan clave es ese momento para los alumnos de cualquier edad, que allí se puede desarrollar una amplia gama de habilidades. “Por una parte, el recreo es una instancia en que la mayoría de las veces se puede elegir qué hacer y con quién. Se puede desarrollar la capacidad de planificar y organizar, el control inhibitorio. Es una oportunidad también para el aprendizaje socioemocional, para convivir con otros, para tomar acuerdos, resolver conflictos. También, al ser en general un espacio de libre elección, es un momento en que cada uno puede profundizar en sus intereses”, dice Magdalena Müller.

Cuenta Genevy Moreno que el recreo es un excelente espacio para observar distintos niveles de interacción. “Es un tiempo de convivencia más explícito y tiene la ventaja de ser una actividad que se realiza por gusto y voluntad, esta libertad de acción y espacio ofrece más posibilidades para explorar las conductas reales y más espontáneas”.

Explica la académica de la UAH que el recreo tiende a mirarse como una caja aislada del resto, como si no tuviese nada que ver con el proceso formativo de los alumnos. “Por ello, no existe la valoración necesaria para incorporar este espacio a los objetivos y planificaciones del quehacer escolar; es más, a veces se acorta o simplemente se pasa por alto si los estudiantes no han finalizado alguna tarea o actividad en el horario estipulado, o en muchos casos, y peor aún, se les quita a modo de castigo… ¡qué tiene de formativo esto! No olvidemos que el recreo también es importante porque es parte de los derechos que tenemos todos, pero que además se explicita en los derechos del niño, al esparcimiento, al ocio, a la diversión y al juego”.

Por el contrario, advierte Genevy Moreno, el recreo no es solo una suerte de catarsis, “es una necesidad fisiológica, cognitiva, social y emocional. Estamos tan acostumbrados a relevar lo cognitivo que nos olvidamos del cuerpo, la actividad física estimula la actividad cerebral en tanto aumenta la capacidad de los vasos sanguíneos, facilitando el acceso del oxígeno, agua y glucosa al cerebro. Dosificar las actividades permite descansar, distraernos y ponernos en mejores condiciones para retomar las actividades”.

Trabajo para los docentes

La hora del recreo se trata de una oportunidad única. Allí, explica Magdalena Müller, los profesores tienen una gran oportunidad de conocer a los estudiantes en otra dimensión: “Observar cómo se distraen, sus intereses, cómo son sus vínculos sociales, sus capacidades de autorregulación en contextos menos estructurados, cómo resuelven conflictos”.

Para Genevy Moreno, los docentes deben poseer disposición y conciencia de lo valiosa que es esta instancia para su gestión y práctica pedagógica. “Es clave que presten atención al recreo porque para algunos niños el recreo es el peor momento del día y para otros el mejor, preguntarnos qué hace que esto ocurra y cómo desde nuestro rol podemos intervenir”.

Cuenta la académica de la UAH que, hace un par de años, la Universidad de Stanford realizó un estudio en el cual hubo intervenciones en algunos establecimientos educativos llevando entrenadores capacitados y a tiempo completo para mejorar los recreos, ofreciendo juegos en los cuales había que respetar turnos y normas, mediando la resolución de conflictos, asegurando que nadie quedara excluido. También se realizaron focus con distintos actores de la comunidad. “La experiencia positiva de esos recreos hizo que aumentara la disposición de los niños hacia la escuela y sus actividades curriculares, disminuyeron los conflictos entre compañeros y aumentó la colaboración y apoyo entre ellos, se propició un ambiente que favoreció también los aprendizajes dentro de la sala de clases”.

En todo caso, es clave, dice Magdalena Müller, que los profesores estén siempre atentos a las interacciones entre sus alumnos, aunque las condiciones también dependen de la edad de los niños. En la etapa de educación inicial, por ejemplo, se espera un rol mediador que favorezca el desarrollo de habilidades físicas, sociales, cognitivas y emocionales. “Durante ese periodo se necesita proponer juegos en caso de que a alguno o alguna le cueste tomar la iniciativa, tenga conductas impulsivas o no logre coordinar acciones con otros para jugar”.

En un nivel escolar, en tanto, “se busca que se generen posibilidades para que los estudiantes aborden de forma más autónoma las distintas posibilidades que el recreo ofrece. En esta etapa los docentes deben estar pendientes de las interacciones sociales, si hay algún niño, niña o joven que tiende a aislarse o que tiendan a aislar, si hay agresiones o malos tratos”, dice Muller.

En síntesis, puntualiza la académica de la PUC, los profesores deben tener conocimiento del desarrollo y el aprendizaje en contextos informales, como también de los factores que lo benefician y los que lo obstaculizan y tener estrategias para mediar en estas instancias.

Si quieres replicar “recreos entretenidos”, sigue estos consejos:

  1. Crear una acción en el Plan de Mejoramiento Educativo (PME) en el ámbito de Convivencia. Con ello aseguran los recursos para adquirir insumos para cada uno de los rincones de juego.

  2. Pueden contratar un profesor de Educación Física o un tallerista para coordinar los recreos, por las horas específicas para esto. Además, ver todos los espacios que pueden ser intervenidos para esta tarea y delimitar con letreros cada rincón.

  3. Realizar turnos con el personal para apoyar según interés.

  4. Informar a los alumnos del proyecto y cuáles serán las normas y calendarizar según cada realidad competencias de fútbol, tenis de mesa, tacataca.

  5. Incorporar algunos alumnos a cargo para entregar y recoger el material de cada recreo.

  6. Apoyarse con la dupla psicosocial de Convivencia (permite observar y conversar con los niños).

Más información: Isabel Carmona
mail: iza339@gmail.com

Qué habilidades se desarrollan durante los recreos

  • Habilidades socioemocionales como la empatía, la resolución de conflictos, la toma responsable de decisiones.

  • Se amplían y mejoran los repertorios de conducta porque van regulándose ellos mismos y también son regulados por los otros.

  • Desarrollo del pensamiento creativo y de capacidades físicas.

  • Se valoran el esparcimiento y el ocio (integrarlos naturalmente y sin culpa a nuestra rutina), y sobre todo, despertar la conciencia de que somos cuerpo, mente, espíritu y seres sociales conviviendo siempre con otros.

Loreto de Vidts junto a sus alumnas durante la hora del recreo.

Trabajar a la hora del recreo

Preocupados por trabajar el tema de los recreos y el aprendizaje de sus alumnas, es que este año en el Colegio Almendral de La Pintana, establecimiento que pertenece a la Red de Colegios de la Fundación Irarrázaval, luego de reuniones y planificaciones, “hicimos una gran inversión para los patios con un proyecto diseñado por la Fundación Patio Vivo”, cuenta su directora, Loreto de Vidts.

Loreto explica que desarrollaron una planificación, en la cual se contactaron con el equipo docente y llegaron a la elaboración de un plan maestro que consta de tres etapas. “Elaboramos un plan maestro y durante el verano se realizó la etapa uno que abarca las alumnas de básica y educación media; es decir, beneficia a alrededor de 900 niñas”.

—¿Por qué decidieron trabajar el tema de los recreos?

—La idea de los patios es mejorar la vida saludable por el ejercicio y el movimiento durante los recreos, mejorar la autoestima ya que los juegos son desafiantes por lo que pueden ir avanzando en la medida en que la niña quiera; el trabajo colaborativo, ayudándose unas a otras a subirse o inventar juegos y ser un espacio de aprendizaje abierto a todas las asignaturas.

Explica la directora que el proyecto cuenta con un sistema de drenaje de aguas lluvia que permite “que no se sequen las napas subterráneas, utilizando materiales como el ladrillo, mulch y maicillo, eliminando tanto cemento que impide el drenaje de las aguas lluvia”.

Se trata de un gran proyecto, particularmente por las características del entorno en medio del cual está construido el colegio, “donde las casas no cuentan con mucho espacio y el tema de seguridad a veces impide que las niñas vayan a las plazas”.

Además, parte de este proyecto incluye la capacitación de las docentes, quienes están atentas a todo lo que sucede en la hora del recreo de las alumnas.

—¿De qué manera las docentes pueden contribuir y también apoyar a las alumnas en esa instancia? ¿Cómo desarrollar esas actividades?

—El departamento de Educación Física, preocupado por la vida saludable, los días viernes hace recreos entretenidos, con música e implementos de la asignatura, como balones y ulaula. Realizan bailes y actividades de ese tipo. Además, se encuentran a la espera de las propuestas de las demás profesoras de asignatura de cómo pueden utilizar el patio como sala de clases.

Testimonio

Fernanda Albornoz, alumna de 3° B del colegio Almendral, especialidad de Administración.

  • He podido observar que durante la hora del recreo se desarrolla empatía entre las compañeros, cuando alguna se cae le ayudamos y la acompañamos, si es necesario al recreo. He visto que se aprende a ser más respetuosos. Por ejemplo, en nuestros recreos se coloca música, pero no a todas nos gusta la misma. Por eso debemos esperar nuestro turno y aprendemos a ser más empáticos y respetuosos con el resto.

  • El patio es un lugar donde todo el colegio se reúne. Allí podemos aprender a generar vínculos con el resto del colegio. Aprendemos a compartir, desde las bancas donde nos sentamos, hasta las mesas de pimpón, las sillas.

  • Cuando interactuamos con otras alumnas, tenemos la posibilidad de aprender cosas nuevas y se generan nuevas amistades.

Deja un comentario

Mantengamos la conversación, búscanos en twitter como @grupoEducar

Ingresa a nuestra comunidad en Facebook y profundicemos el debate.

Créate una cuenta en grupoeducar

Revisa nuestro contenido en todas las plataformas desde un teléfono hasta nuestra revista en papel.