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Oct 2020 - Edición 245

Educar en el cuidado del medio ambiente

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Qué falta en las escuelas para ser un espacio propicio para el aprendizaje

De visita en nuestro país hace algunos meses, el director del Doctorado de Liderazgo Educativo de la Universidad de Harvard y líder del modelo ecosiSTEAM en Chile, Richard Elmore, participó en el seminario internacional “Transformando los aprendizajes a través de la creatividad, la ciencia, la tecnología e innovación”. Durante su estadía se dio unos minutos para conversar con Revista Educar sobre los desafíos educativos y las ventajas del aprendizaje colaborativo.

Por: Marcela Muñoz I.
Qué falta en las escuelas para ser un espacio propicio para el aprendizaje

El experto en educación, director del Doctorado de Liderazgo Educativo de la Universidad de Harvard y líder del modelo ecosiSTEAM, Richard Elmore, señaló que las escuelas no están diseñadas para el aprendizaje y cumplen un rol cultural como institución en la sociedad, estableciendo reglas y estándares de prácticas enfocados en evaluar la memorización de hechos y la fluidez de ciertos procedimientos, por sobre el desarrollo de la reflexión, el pensamiento crítico y la creatividad.

En su opinión, los seres humanos fuimos diseñados para aprender; no obstante, la ciencia del aprendizaje se ha desviado del campo de la educación. Asimismo, la neurociencia ha descubierto un panorama increíble en el cerebro. “Lo más maravilloso es que el cerebro es capaz de reorganizarse de forma sistemática, y a través de la experiencia en ambientes controlados podemos manejar el proceso de ‘poda y arborización’ con fines particulares. Debemos cultivar espacios para aprender según nuestras opciones y aplicando la capacidad de hacer modificaciones conscientemente, en presencia de información, experiencia y reflexión”.

Sobre la importancia de aprender en la hora de los recreos dijo: “Este es un tema que produce opiniones radicales. Hay mucha literatura en Reino Unido sobre el juego y existe la tesis de que hemos perdido el entendimiento de que el juego debe ser desestructurado como parte del desarrollo humano. Quizás necesitas solo establecer reglas básicas como no hacer cosas peligrosas y no herir a otros. El cuerpo de investigación que conozco cree que una manera de crear seres humanos poderosos es justamente poder entregar lineamientos básicos. La falta de control y la necesidad de inventar hacen que se genere este juego menos estructurado”.

—En el contexto actual, se ha observado que muchas veces resulta difícil el trabajo entre los mismos docentes en beneficio de los alumnos; por ello, ¿qué ventajas concretas presenta el trabajo colaborativo entre los profesores?

—Los seres humanos están motivados por un sentido por el trabajo, y las personas que se desenganchan y que pensamos que son rebeldes, que cuestionan a las autoridades, normalmente están buscando respuestas que no obtienen de las instituciones educativas. El punto sobre la colaboración, sobre construir y diseñar, es justamente mostrarles a las personas el sentido que puede resultar en acciones satisfactorias y que no necesariamente hay que ir a la escuela para obtenerlas, eso requiere una visión de aprendizaje mucho más amplia.

—¿Qué se necesita para que los alumnos aprendan hoy?

—Para aprender a ser efectivo debes aprender a automanejarte y eso se relaciona con el desarrollo del lóbulo frontal del cerebro, en donde se desarrolla el comportamiento con propósito y permite ejecutar ideas, adaptarse a situaciones inesperadas, lo cual es una habilidad cognitiva superior. El problema es que tenemos en la escuela un ambiente donde los adultos no tienen que enganchar con ese comportamiento rutinariamente y tampoco lo enseñan. Nos enfrentamos a problemas como la necesidad de enseñar creatividad, aprendizaje, involucrarse, entusiasmarse; y eso requiere desarrollar el concepto de “agencia”. Lo dejamos en un plano muy bajo.


Cuenta Richard Elmore que existe un libro –de Alison Gopnik, “El jardinero y el carpintero”– que explica que el modelo de crianza de 0 a 6 años es muy destructivo en términos neurológicos y que incluso pueden verse diferencias en imágenes en el cerebro de niños con experiencia enriquecida. Contar con una variedad de experiencias es una buena forma de enseñar, en donde muchas veces implica equivocarse, pero ahí está el aprendizaje.

 

En las escuelas les exigimos hacer a los estudiantes cosas que los adultos no sabemos hacer. Una de las salidas es poner a los alumnos en ambientes donde haya adultos que sepan hacerlo y que tengan mayor influencia. Podríamos tener muchos ejemplos de lo que está pasando en las calles hoy por falta de esas habilidades, y eso requiere “agencia”, que es la habilidad de hacer que algo pase en el mundo y eso es parte de ser humano. En un ambiente donde eres juzgado por hacer algo que no sabes hacer, estás perpetuando esa exclusión.

—En esa línea, ¿cuáles son las ventajas del aprendizaje basado en proyectos, para los alumnos y para la relación entre pares?

—No hay grandes desafíos para el aprendizaje basado en proyectos, lo que pasa es que hay una versión que muchos adultos piensan: número 1, los profesores se quejan de que los estudiantes no saben colaborar; número 2, los estudiantes tienen dificultad para mantenerse enfocados en su tarea, pero en un espacio de aprendizaje enriquecido nunca hemos visto ese problema a que me refiero. Respecto del aprendizaje basado en proyectos, el profesor piensa que es darles tiempo a los estudiantes para que se pongan de acuerdo y apenas logran resultados.

La gente experta comienza por explicarles que trabajarán en algo nuevo y que hay que practicar. Hay que darles reglas claras sobre cómo estar de acuerdo y en desacuerdo con respeto, dar retroalimentación útil, qué hacer cuando tengo una idea y nadie me escucha, qué hacer cuando alguien domina el proceso. Todas son situaciones esperadas y el punto es enseñar a manejarlas. Luego de eso, se les da la responsabilidad a los estudiantes de automanejar esas situaciones. Muchas veces pensamos que la colaboración no produce nada tangible y eso es porque no hemos trabajado habilidades para producir algo relevante. Los estudiantes sí son capaces.

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