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Oct 2020 - Edición 245

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Cómo aprender durante la hora del recreo

En Rancagua existe una experiencia concreta de aprendizaje durante la hora del recreo. Los tres patios que tiene el colegio Ayelén están diseñados para responder a las necesidades de espacio, actividades y desarrollo para cada edad. Pero, además, todos los lugares recogen el mimbre, el ladrillo y la madera, elementos característicos de la VI Región.

Por: Marcela Paz Muñoz I.
Cómo aprender durante la hora del recreo

“Destaco de mi colegio el tamaño del patio. De verdad que es gigante y eso no lo tiene cualquier colegio. Y lo bueno es que este gran espacio se puede aprovechar mucho haciendo distintas actividades porque tiene muchas cosas”, cuenta Cristóbal Godoy, alumno de segundo medio del colegio Ayelén, quien asegura que “se ha transformado en un espacio interactivo y atractivo y hay distintas cosas como la loma y la estructura de fierro; entonces, toda la comunidad encuentra cosas que hacer”.

Explica que para él el patio “me ha ayudado a crecer y desenvolverme en un deporte que me gusta mucho que es el parkour, y el patio tiene desniveles que me ayudan a saltar y realizar este deporte”. Tal como le ha sucedido a este alumno, es posible convertir el patio en espacio de aprendizaje para los alumnos.

Los patios del colegio Ayelén se enmarcan en el proyecto “Jugar en el campo”, diseñado e implementado por la Fundación Patio Vivo.

Se trata de una gran iniciativa que ha distinguido a este establecimiento, desde sus primeras clases que se realizaron en marzo de 2015. Ubicado en el camino a San Ramón, Rancagua, este colegio sorprende particularmente por su diseño y su arquitectura moderna. El diseño de cada uno de los patios se realizó inspirado en el proyecto educativo que, dicen, “busca potenciar las habilidades blandas y fortalecer los valores de sus estudiantes, para que logren ser arquitectos de su propio futuro”.

Cristóbal Godoy, alumno de segundo medio del colegio Ayelén.

Cuenta el rector del colegio, Víctor Arroz, que durante los recreos cada integrante del Equipo de Liderazgo y Rectoría tiene asignado un tiempo compartido con los estudiantes (Shared Time). “Ello, porque el contacto directo con los estudiantes de todos quienes trabajamos en el colegio Ayelén –secretarias, vicerrectores, auxiliares de aseo– es determinante para lograr formar a nuestros estudiantes, es importante conocer sus sueños y preocupaciones más allá de la sala de clases”.

Estos patios ofrecen constantes desafíos topográficos para los alumnos, juegos, árboles y naturaleza, y los desafían a ser curiosos y conscientes de sí mismos y de su entorno. “Durante la hora del recreo, gracias a que cada uno de los elementos en el patio central invita a vivir uno de los valores que conforman los pilares de nuestro proyecto educativo, es posible seguir trabajando el aprendizaje de los alumnos. Por ejemplo, la loma habla de la alegría, de mirar las adversidades con perspectiva, y nos recuerda que para lograr lo que queremos, como llegar a la cima, debemos esforzarnos”.

Asimismo, sigue el rector, “el bosque habla de la fraternidad, e invita a sentarse bajo la sombra de los árboles a conversar y compartir con los compañeros. La estructura de fierro habla de la excelencia, invita a los estudiantes a conocer sus limitaciones, pero siempre intentar llegar más alto. Y el aula abierta habla de la pasión por aprender y de la pasión por enseñar que se vive en nuestro colegio. Este espacio también invita a los estudiantes a aprender en un contexto distinto a la sala de clases, en mayor contacto con la naturaleza”.

Víctor arroz, rector del colegio Ayelén.

El trabajo que ha desarrollado el colegio Ayelén coincide con la opinión de Elisa Guerra, magíster en Educación del Instituto Tecnológico de Monterrey. “El recreo es bueno para el cerebro y lo que es bueno para el cerebro, es bueno para el aprendizaje. Si consideramos que el recreo es el espacio donde los niños realizan actividades físicas, al exterior, mientras disfrutan del juego libre, podríamos decir que el recreo es uno de los momentos más productivos de la jornada escolar”.
Además, agrega Elisa, “la posibilidad de participar en juegos libres, muchas veces de manera colectiva, favorece no solo el bienestar físico y emocional, sino también la creatividad y la inteligencia interpersonal”.


De hecho, según el alumno Cristóbal, “un patio vacío sería muy aburrido porque no tendrías la oportunidad de conocerte y desarrollar habilidades que a lo mejor no sabías que tenías. Por ejemplo, este patio a mí me ha ayudado a desarrollar el equilibrio y a vencer mis miedos y querer cada día superarme en el parkour”.

Señala el rector que, respecto a la interacción en los recreos, “es importante destacar que no contamos con una inspectoría, sino que tenemos un área de ‘Cultura de Estudiantes’ en donde nuestros profesionales (psicólogos, psicopedagogos y trabajadores sociales) buscan por medio del diálogo que en los patios se vivan nuestros valores de la alegría, fraternidad, excelencia y pasión”.

— Rector, ¿de qué manera los profesores pueden contribuir?

—Si los docentes cuentan con espacios educacionales fuera de la sala de clases los utilizarán, espacios simples y bien pensados como peldaños de ladrillos pueden transformarse en un anfiteatro, un suelo cómodo se transforma en una buena sala de arte, espacios naturales invitan a realizar exploración científica.

En nuestra experiencia los profesores tienen las ganas de utilizar estos espacios y es parte de nuestro rol como líderes escolares ir creándolos.

Elisa Guerra, magíster en educación del instituto tecnológico de monterrey.

¿Por qué el movimiento mejora la inteligencia?

  • El movimiento alimenta el cerebro (oxigenación). Cuando nos movemos, nuestro ritmo cardíaco aumenta, mejorando el flujo sanguíneo. La cantidad de oxígeno que se transporta al cerebro aumenta y, por supuesto, el oxígeno es el alimento del cerebro por excelencia. Más oxígeno en el cerebro significa más combustible para pensar, aprender y crear.

  • El movimiento hace crecer el cerebro (neurogénesis). El concepto de neurogénesis (literalmente, el “crecimiento de nuevas neuronas”) alguna vez fue tremendamente controvertido, pero ahora está bastante establecido. Hay muchos factores que lo favorecen, la actividad física es uno de ellos.

  • El movimiento organiza el cerebro (integración). En cualquier momento, el cerebro está siendo bombardeado con información sensorial. Para responder adecuadamente a los desafíos, necesita procesar la información entrante y combinarla con datos ya almacenados de experiencias anteriores. Esa es la base de la inteligencia funcional.

Elisa Guerra, en un artículo de 2017.

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