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Oct 2020 - Edición 245

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Alcohol y drogas: ¿Cómo evitarlos en la diversión adolescente?

Muchas familias se sienten sobrepasadas por las altas tasas de consumo de alcohol y drogas en menores de edad, sin saber cómo enfrentar el tema con sus hijos. Los psicólogos Virginia Lehuedé e Iván Muñoz coinciden en que el ejemplo de los adultos que viven en la casa, los vínculos afectivos sólidos y un lenguaje positivo son las mejores estrategias, especialmente durante la adolescencia.

Por: María Ester Reblero
Alcohol y drogas: ¿Cómo evitarlos en la diversión adolescente?

Uno de cada cinco niños en Chile se inicia en el consumo del alcohol a los 12 años. En relación al género, se ha visto un aumento considerable en la cantidad y frecuencia con que toman las niñas y adolescentes. Y los problemas asociados al alcohol y drogas también han aumentado: siete veces más accidentes, cuatro veces más dependencia. Estas cifras obtenidas en estudios nacionales en escolares justifican la enorme preocupación de los padres.

La psicóloga Virginia Lehuedé agrega que son cifras que además revelan que “los adolescentes están teniendo conductas de riesgo a temprana edad, en una etapa del desarrollo en que no son capaces de evaluar los peligros que estos consumos traerán a sus vidas. Esto se explica, por un lado, porque es algo normalizado en su grupo de pares y lamentablemente cuando algo se hace habitual, se deja de reflexionar sobre ello. Por otro lado, los adolescentes necesitan de la aceptación de sus pares y si estos consumen, lo más probable es que también lo hagan sin pensar en consecuencias”.

Iván Muñoz, psicólogo de la Universidad Católica y Director de Paréntesis ASC de Fundación Paréntesis.

Por esta misma razón, Iván Muñoz, psicólogo y diplomado en Tratamiento y Rehabilitación para adolescentes consumidores de drogas, señala que el trabajo de prevención no debe estar dirigido exclusiva ni principalmente a los estudiantes. “Hemos visto que es clave trabajar en simultáneo con los apoderados, directivos y docentes, en un espacio donde muchos participen. El objetivo final es unificar conceptos, hacer diagnósticos en conjunto y generar un protocolo de prevención adecuado para cada comunidad escolar”.

Respecto a la normalización de este problema, Iván Muñoz señala que muchas veces tiene que ver con mal entendidas acciones preventivas que vienen de las mismas familias, como por ejemplo “enseñar a tomar” a los hijos. “Algunos adultos piensan que es mejor que estos aprendan a tomar en la casa y así propician el inicio de consumo precoz sin entender que ni el hígado ni el cerebro se entrenan”, explica. Al trabajar con toda la comunidad escolar se corrigen esos y otros errores y se evita la normalización.

Reforzar vínculos, cambiar el lenguaje

Ambos especialistas coinciden en que el trabajo preventivo contra el alcohol y las drogas es diferente en la primera infancia y en la adolescencia.

“Entre 1º y 8º básico se trata de fortalecer los factores protectores, a través de una parentalidad con claridad de normas y límites, donde los niños vayan logrando cada vez mayor autonomía. En esta etapa el desafío es mostrarles a las familias que la manera de criar sí influye en el futuro”, agrega Iván Muñoz.

Sin embargo, con la proximidad de la adolescencia lo que se debe hacer es “reforzar los vínculos afectivos entre padres e hijos y la buena relación familiar. También es importante saber cómo hablar con los adolescentes sobre estos temas porque cuando les decimos ‘¡no quiero saber que tomaste!’ o ‘no te quiero ver con tal amigo’, lo que estamos haciendo es empujarlos a ocultar, a esconder información y a no tenernos confianza. En el mismo sentido, es importante cambiar el ‘lenguaje bélico’ contra el alcohol y la droga (¡luchemos contra ellos!) por un lenguaje que potencie el bienestar y el autocuidado de menores, las buenas relaciones familiares, la participación, el respeto al otro. Este lenguaje es mucho más efectivo si lo que se busca es fortalecer los factores protectores”, concluye.

María Virginia Lehuedé, psicóloga clínica infantojuvenil de la UDD.

La importancia del tiempo compartido en familia

“Algo tan simple como conversar mucho con los hijos desde que son pequeños puede parecer poco relevante o innecesario para prevenir conductas de riesgo que vendrán años después. Pero el mejor predictor de una adolescencia saludable es que los niños se sientan vistos, queridos e importantes para sus padres y ello se logra, en parte, con dedicar tiempo para entablar un vínculo profundo desde la experiencia compartida, para luego tener una comunicación fluida y profunda”, explica Virginia Lehuedé.

“En la etapa de la adolescencia hay que saber propiciar espacios de encuentro de la mejor calidad posible para compartir y comunicarse con los hijos, para hablar de lo que a cada uno le va pasando, vincularse, conocerse. Eso adquiere sentido en el día a día; al compartir la mesa, por ejemplo, para que al final de la semana podamos preguntarnos: ¿Sé qué hizo, o qué le pasó, o qué sintió mi hijo durante esta semana?”, agrega la psicóloga.

Iván Muñoz aconseja también analizar cómo se celebra en la familia y modificar ciertas prácticas muy arraigadas como que una comida o un asado son fomes sin abundante alcohol. “Si bien es algo muy repetido y escuchado, la clave de la educación es el ejemplo. Es muy difícil que les pidamos a nuestros hijos que no tomen alcohol si ven a sus familiares hacerlo de manera frecuente y como objetivo central de una celebración. Si bien los adultos tienen más juicio que un adolescente, hay que preguntarse como familia qué quiero que mi hijo vea y viva en mi familia y qué cosas quiero que él replique en su familia el día que tenga hijos”, propone Virginia Lehuedé.

Es propio de esta edad que los adolescentes demanden más espacios para salir con sus amigos. Hay que permitir que ganen en autonomía, aconsejan ambos especialistas. Sin embargo, eso no implica dejar de demostrarles que los estamos cuidando, acompañando y supervisando. “Creo que los padres, madres y abuelos siempre tienen influencia sobre sus hijos, aunque a veces crean que sus esfuerzos son en vano. Desde mi experiencia como psicóloga clínica siempre insisto: continúen, perseveren, porque veo que muchos adolescentes, luego de años de tomar malas decisiones producto de consumir sustancias, llegado el momento toman conciencia y el motor para cambiar es la voz de sus padres y madres diciéndoles que ese no era el mejor camino a seguir”.


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