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Regístrate y accede a la revistaDesde hace más de 40 años que Mario Castro, actual director del Museo Nacional de Historia Natural (MNHN), trabaja en museos: “En ellos se aprende de manera entretenida”, afirma. ¿Cómo fue su infancia? Aquí, su lado B.
-¿Qué recuerdo tiene de su etapa escolar?
-Muy bueno. Estuve primero en el Saint George’s hasta 5ta preparatoria, y luego me cambiaron al Saint Gaspar College.
Fui, desde el punto de vista académico, un buen alumno. Siempre estaba en el cuadro de honor porque tenía buenas notas, incluso conservo mis libretas de notas, me las guardó mi madre. En conducta era medio inquieto porque en esa época, en los años 60, nos colocaban notas todas las semanas en conducta, en orden y en aplicación. Y cuando había una alteración, se mandaba una nota a los padres, quienes tenían que devolver la libreta firmada.
Lo pasé bien en el colegio. Y de la educación media también tengo un buen recuerdo. Me fue muy bien, fui varios años presidente de curso, salí con un buen promedio del colegio.
-¿Algún profesor que lo marcara en esos años?
-Hubo varios. Me acuerdo de algunos nombres, de miss Carmen de primero preparatoria, de miss Ruby McPherson, que era amiga de mis padres. Y de Iris Lethaby. De Jorge Santin, profesor de Historia, que nos relataba las cosas y uno se entusiasmaba. Ricardo Burrows, de Biología, donde hacíamos muchas cosas en el laboratorio, disecamos, operamos ranas, aprendíamos haciendo. Con Carlos Passalacqua de Química lo pasaba sensacional, también íbamos al laboratorio, era mucha aplicación.
Había otros que no me hacían clases directamente, pero que también los recuerdo, por ejemplo, el rector del colegio, Ambrosio Lengerich, un sacerdote extraordinario y un hombre muy humano.
Todas esas personas influyeron de distintas maneras. Hoy se aprende de una forma muy mecánica, no se enseña a pensar. Tuve profesores magníficos, en básica la mayoría era normalista y en la educación media eran docentes universitarios. Eso deja mucho para evaluar sobre cómo se está formando el profesorado hoy. Otra cosa que hace la diferencia es que todos tenían mucha vocación y compromiso para enseñar.
-¿Cómo llega a estudiar Arqueología y Antropología?
-Los mayores puntajes los obtuve en Ciencia. Pero cuando salí del colegio quise estudiar Antropología o Arqueología, y creo que no fue lo mejor, porque después me di cuenta de que lo que me gustaba era la Medicina, igual que mi padre, mi abuelo, mis tíos, pero llegué indirectamente y no me puedo quejar. Lo he pasado súper bien a lo largo de mi vida.
Me acuerdo de que estaba en unas vacaciones leyendo libros de historia universal y les comenté a mis papás que me gustaba mucho la arqueología clásica, la historia de Roma y Grecia. Y ahí mi mamá me dijo “por qué no conversas con mi hermano que es sociólogo”, quien estaba armando una carrera en la Universidad de Chile, y él me dijo que entrara a estudiar Ciencias Sociales y que después me podía derivar a otra carrera.
Pero, después de un semestre, me di cuenta de que odiaba las ciencias sociales. Encontraba que todos los ramos eran poco científicos, no me mal interpreten, era porque yo venía de un mundo de médicos e ingenieros.
Pero justo cambió la rectoría de la Universidad de Chile, el año 76, y asume Julio Tapia Falk, quien toma la decisión de fusionar facultades y cerrar carreras. La que yo cursaba desaparece, entonces se nos dio la opción de ingresar a otra carrera, y comencé estudiando Licenciatura en Arqueología, donde luego me interioricé en antropología biológica.
"Yo invitaría (a los docentes) a que vayan a todos los museos de la región donde están, da lo mismo si son grandes o chicos. Que los asocien a las temáticas que están viendo, por ejemplo, si en arte se está trabajando con cierto período, vayan al museo a ver qué obras de arte hay”, dice Mario Castro.
-¿Cuándo llega al mundo de los museos?
-En diciembre del 79 me gradué y el año 80 hice clases en la Universidad de Chile. Además, trabajé en el Museo Histórico Nacional ad honorem, por el gusto, un voluntariado. Y ahí comencé a ver posibilidades de ingresar a la entonces Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, que actualmente se llama Servicio Nacional del Patrimonio Cultural.
Gracias a Andrés Pinto, un contacto de la universidad, ingresé al Museo Histórico Nacional durante su traslado a la Plaza de Armas, bajo la dirección del arquitecto Hernán Rodríguez Villegas. Permanecí allí hasta partir a mi primer posgrado en Antropología Biológica en la Universidad de Toronto. Al regresar, me incorporé a la Coordinación Nacional de Museos –hoy Subdirección de Museos–, encargada de impulsar el desarrollo de los museos estatales en el país.
Me capacité en formulación y evaluación de proyectos para desarrollar museos a lo largo de Chile. Estuve en la Subdirección hasta que me vine al Museo Nacional de Historial Natural el año 2020. Trabajé en espacios de distinta naturaleza, en proyectos bien distintos unos de otros. Me tocó colaborar con el Museo de Puerto Williams, el Museo Histórico Natural de Valparaíso, el Museo de Bellas Artes de Talca, y así.
-¿Por qué son importantes los museos?
-Son el mejor instrumento de educación continua que existe, donde aprenden desde los niños hasta los viejos, y con mensajes relativamente actualizados. Además, se aprende de manera entretenida porque yo puedo ver en la realidad las cosas que me cuentan. No es lo mismo que el profesor les cuente a los niños en la sala de clases sobre Bernardo O’Higgins, que ver directamente su uniforme y sentir que esa persona no es una figura de la imaginación.
Esa es la gracia del museo: tiene la magia de que, a través del patrimonio, no solamente se construye conocimiento, sino que lo difunde y además entretiene. Hace que las personas quieran aprender y saber un poco más.
Eso hemos vivido en el MNHN con el tema de los dinosaurios: hasta junio habíamos recibido la misma cantidad de visitantes que en todo el año pasado. Si hacemos bien las cosas, los niños, en vez de estar perdiendo el tiempo en la calle haciendo tonteras, se motivan. Pero para eso tenemos que generar los instrumentos necesarios y los museos, cuando son buenos, eso es lo que hacen.
-Por último, ¿qué invitación les haría a los profesores?
-Yo los invitaría a que vayan a todos los museos de la región donde están, da lo mismo si son grandes o chicos. Que los asocien a las temáticas que están viendo, por ejemplo, si en arte se está trabajando con cierto período, vayan al museo a ver qué obras de arte hay.
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