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Regístrate y accede a la revistaConversamos con Joaquín León Parodi, doctor en Filosofía y académico de la Universidad de los Andes, autor del libro Una educación centrada en la persona. En esta entrevista reflexiona sobre los fundamentos antropológicos de su propuesta pedagógica y afirma que educar no es solo transmitir contenidos, sino reconocer y acompañar el crecimiento de cada ser humano como único e irrepetible.
Cuando le preguntamos al destacado doctor en Filosofía de la Universidad de Navarra y académico de la la Escuela de Educación de Universidad de los Andes, Joaquín León Parodi, cómo respetar el ritmo único de crecimiento de cada alumno en un sistema como el actual, explica: “La centralidad de la persona la podemos vivir en todo momento. ¿Por qué? Porque si cada alumno es único e irrepetible y nos centramos en quién es, lo trataremos de una manera personal: lo llamaremos por su nombre, lo miraremos a los ojos, lo trataremos con cariño, lo corregiremos con cariño para que mejore, por ejemplo”.
-¿Qué lo motivó a escribir Una educación centrada en la persona en este momento?
-La verdad es que son dos motivos principalmente. El primero es que pienso que hoy día hay gran consenso en la relevancia de la educación, todo el mundo piensa que es importante, sin embargo, somos incapaces de ponernos de acuerdo en qué consiste educar y cuál es la prioridad hoy día en la educación. El quehacer educativo es una actividad muy compleja, ya que tiene múltiples interrogantes que se intentan resolver por medio de diversas disciplinas –la didáctica, la evaluación, el liderazgo educativo, la gestión escolar, la psicología, la neurociencia, la propia disciplina que se imparte, entre otras–, y si bien todas son necesarias para estudiar la educación, es necesario darles armonía.
Y segundo, porque considero que es urgente que los educadores –tanto padres como profesores– nos paremos a pensar qué es la educación desde la antropología. La especie humana es la única especie educable, por tanto, la comprensión cabal del ser humano es fundamental para poder educar correctamente. Por eso me gusta decir que “de la concepción de ser humano que tengamos, dependerá su educación”. El ser humano es una realidad muy compleja, de modo que entenderlo bien es una exigencia de la que tenemos que hacernos cargo. Esto es central en la formación de los educadores, ya que si no entendemos bien al ser humano, no podremos lograr una correcta fundamentación del quehacer educativo.
-Usted plantea que el sistema educativo actual pone demasiado énfasis en lo observable. ¿Qué consecuencias cree que tiene esto para el desarrollo integral de los estudiantes?
-El gran problema es que lo más relevante a la hora de educar no es observable ni necesariamente medible. A mí me toca mucho ir a colegios y siempre les hago la misma pregunta: “¿Qué le gustaría a usted lograr con sus alumnos cuando salgan del colegio?”. Siempre los profesores responden aludiendo a algunas características o conceptos que describen a una “buena persona”, nadie jamás me ha dicho algo académico. Y el ser buena persona es algo que no podemos medir, aunque hay gente obsesionada con hacerlo. Voy a poner un ejemplo: un niño que se queda en las tardes a ayudar a sus compañeros a aprender matemáticas lo puede hacer por dos motivos, por solidaridad con sus compañeros o por caerle bien al profesor que lo ve quedándose, nosotros no podemos saber por qué lo está haciendo. No digo con esto que tenemos que dejar de medir, debemos seguir haciéndolo, porque ayuda mucho, pero no debemos darle una importancia desproporcionada a la medición.
-¿Cómo define el concepto de “acto de ser personal” y por qué lo considera central en su propuesta educativa?
-Para comprender al ser humano en profundidad, podemos hacernos tres preguntas: ¿qué es el ser humano?, ¿cómo es el ser humano? y ¿quién es el ser humano? A simple vista pareciera ser que las tres preguntas tienen la misma respuesta, pero si nos detenemos a pensarlo con calma, podemos darnos cuenta de que existe una distinción real entre qué somos, cómo somos y quiénes somos. Respecto de “¿qué es el ser humano?”, contestaríamos señalando que somos individuos de la especie humana, es decir, tenemos una naturaleza particular, distinta a la naturaleza de las demás especies, pero común a la de todos los seres. Sobre el ¿cómo es el ser humano?, cada uno respondería enumerando sus características personales, esas perfecciones o imperfecciones –dependiendo de si nos hacen “más humanos” o no, es decir, dependiendo de si perfeccionan o no nuestra naturaleza– que no nos vienen dadas, sino que las adquirimos con nuestro actuar. Y ante el “¿quién es el ser humano?”, cada uno respondería con su nombre personal: soy “Fulano”, soy “Mengano”. Esto es lo que la filosofía llama la irreductibilidad personal, es decir, que cada persona es única e irrepetible, no existen dos personas iguales. En el ser humano, la naturaleza es común a todos –cada uno tiene un cuerpo y un alma–, pero cada ser humano es único, en su acto de ser personal. El acto de ser personal es el quién somos, esa es la importancia de tenerlo en cuenta a la hora de educar.
"Considero que es urgente que los educadores –tanto padres como profesores– nos paremos a pensar qué es la educación desde la antropología. La especie humana es la única especie educable, por tanto, la comprensión cabal del ser humano es fundamental para poder educar correctamente”, dice Joaquín León Parodi.
-¿Por qué eligió la filosofía de Leonardo Polo como fundamento para su propuesta pedagógica?
-Pienso que la antropología trascendental de Leonardo Polo responde muy bien los interrogantes sobre el ser humano a los que hemos hecho referencia. Siguiendo a Aristóteles y a Tomás de Aquino, este filósofo español logra unos descubrimientos notables sobre el ser humano que son muy interesantes para la educación, ya que toda teoría educativa debe ser iluminada por un estudio profundo del ser humano.
-En el libro menciona la “antropología trascendental”. ¿En qué se diferencia de otras visiones antropológicas aplicadas a la educación?
-En que la antropología trascendental centra su atención en “quién es el ser humano”, distinguiéndolo realmente del “qué es el ser humano”. Esto es muy relevante de cara a la educación, puesto que al centrarnos en el “quién”, único e irrepetible, como sujeto del quehacer educativo, la educación necesariamente tiene que centrarse en la persona de cada educando. De lo contrario, educaremos en serie… y eso no es educar personas.
-¿Cómo aborda su propuesta las preguntas fundamentales sobre la educación?
-El libro se articula desde los cuatro interrogantes fundantes del quehacer educativo: 1) ¿a quién se educa? Cuya respuesta se refiere al sujeto de la educación; 2) ¿para qué se educa? Que procura esclarecer el fin de la educación; 3) ¿quiénes educan? Que responde a los agentes educadores; 4) ¿cómo educar? Que busca sentar algunos criterios de la manera en que educamos. Estos cuatro interrogantes son fundamentales para poder comprender cabalmente el quehacer educativo. A través del libro, los vamos tratando desde una perspectiva filosófica, pero usando un lenguaje sencillo, para que sea accesible a cualquier educador. El libro no busca ser un libro para filósofos, sino para educadores.
"La familia debe ser considerada no solo como la primera educadora en orden temporal, sino que también como la primera educadora en orden de importancia”, dice Joaquín León Parodi.
-Usted define educar como “ayudar a crecer”. ¿Cómo se traduce esa idea en la práctica cotidiana de una sala de clases?
-Lo primero que tengo que aclarar es que esta descripción no es mía, sino que la tomo de un educador español: Tomás Alvira. A su vez, Leonardo Polo adhiere a esta descripción, trabajándola extensamente en un libro que lleva el mismo nombre: Ayudar a crecer. Cuestiones de filosofía de la educación. Y el cómo llevarlo a la sala de clases, pienso que en todo lo que hace el profesor. El ser humano está llamado a crecer de manera irrestricta, siempre podemos crecer, nunca nos detenemos: el ser humano jamás está acabado por completo. Pero para lograr ese crecimiento, necesitamos de la ayuda de los educadores. Esa ayuda no consiste en suplantar al educando, sino en ayudarlo. Es decir, el educando siempre crecerá con su actuar. Por esto, la ayuda que prestamos los profesores consiste en una orientación: nosotros mostramos el camino a nuestros alumnos, no hacemos las cosas por ellos.
-¿Cuáles cree que son los principales desafíos para implementar una educación centrada en la persona dentro de los sistemas escolares actuales?
-El principal desafío es la formación de los educadores, tanto de padres como de profesores. La educación centrada en la persona no se reduce a un conjunto de prácticas o técnicas, sino que es una forma de ser educador, una forma de educar. Esto es muy importante de cara al quehacer educativo, porque no se educa solo con lo que se dice, sino también con lo que se hace: pero, sobre todo, se educa con lo que uno es.
-¿Qué papel les asigna a las familias en este proceso de “ayudar a crecer”?
-La familia es la primera y principal educadora. Esta es natural en el ser humano, ya que los rasgos que posee son, precisamente, de carácter familiar: ningún ser humano nace de manera aislada, sino que todos comenzamos a existir en nuestra familia. Los padres han dado origen al hijo y, por tanto, deberán hacerse cargo de ayudarlo a crecer. Esto quiere decir que para ser padre y madre, no basta con la participación en la procreación del hijo, sino que es necesario que lo eduquen, es decir, deben ayudarlo a crecer. La educación es la extensión o continuación de la procreación, de manera que sin educación la tarea de la procreación queda inacabada. Por este motivo, la familia debe ser considerada no solo como la primera educadora en orden temporal, sino que también como la primera educadora en orden de importancia.
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