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Regístrate y accede a la revistaDesde 2017 que Fundación Astoreca desarrolla el programa Soy+, que promueve nueve fortalezas clave que impactan en la convivencia, el bienestar y los aprendizajes de los estudiantes, y el cual se ha expandido a más de 30 establecimientos en distintos puntos del país.
“Una pregunta clave en educación es también una de las más simples: ¿para qué educamos?”. Matías Moller, jefe de Formación de Fundación Astoreca, señala que, si se revisan los proyectos educativos de los colegios, la respuesta suele estar relacionada con la formación de estudiantes respetuosos, responsables, perseverantes y con propósito, enfocada en la formación del carácter. Y bajo esta convicción, en 2017 crean el programa Soy+, una iniciativa que busca transformar principios declarados en prácticas concretas dentro de las comunidades escolares.
El programa se basa en el desarrollo de nueve fortalezas del carácter, organizadas en tres ejes: la relación con los demás: respeto, amabilidad y ser correcto; la relación con uno mismo: propósito, responsabilidad y afán de superación; y la relación con el mundo: entusiasmo, ser constructivo y hacer las cosas bien. Estas fortalezas son entendidas como “formas habituales de pensar, sentir y actuar que le hacen bien tanto a la persona como al entorno”, explica Matías.
La implementación de Soy+ se realiza a través de dos vías complementarias. Por una parte, se busca que estas fortalezas se integren en la cultura escolar, reflejándose en “el lenguaje cotidiano, en la organización del ambiente, en las normas, en aquello que los adultos felicitan o corrigen”. Por otra, se promueve una enseñanza explícita, donde los estudiantes “reflexionan sobre estas fortalezas y aprenden a aplicarlas en su vida cotidiana”, agrega.
El jefe de Formación de la Fundación Astoreca explica que uno de los principales resultados del programa ha sido “la alineación de la comunidad educativa en torno a las fortalezas del carácter que el colegio busca promover”. Esto ha permitido “pasar de esfuerzos individuales a un trabajo formativo más compartido”, donde las fortalezas se incorporan en el lenguaje cotidiano y en las prácticas escolares.
En los estudiantes, los avances se evidencian progresivamente: “Conocen y comprenden las fortalezas del programa, luego pueden nombrarlas y explicarlas, y progresivamente comienzan a valorarlas como cualidades que quieren desarrollar en su propia vida”.
Educación del carácter: un eje clave para el aprendizaje
Desde Fundación Astoreca enfatizan que educar el carácter no es opcional. “Es imposible no educar. Allí donde hay adultos, normas y una cultura compartida, los niños y jóvenes aprenden constantemente cómo relacionarse con otros y cómo enfrentar la vida”. Por ello, agregan, “la pregunta relevante no es si estamos educando, sino si estamos educando en aquello que declaramos como importante”.
En este contexto, la escuela cumple un rol clave, ya que es “un espacio donde estudiantes de distintas familias deben aprender a convivir y colaborar”, y donde además “se busca lograr aprendizaje a través de un proceso con objetivos claros e intencionalidad educativa”. Esto permite que los docentes integren la formación del carácter incluso en asignaturas tradicionales, promoviendo, por ejemplo, la perseverancia frente a una dificultad, la corrección de una actitud con respeto o el reconocimiento de un esfuerzo bien realizado.
Diversos estudios respaldan esta mirada. “La evidencia muestra que el desarrollo de estas fortalezas se asocia, entre otros aspectos, con: mejor salud mental y bienestar psicológico; relaciones interpersonales más positivas y menor presencia de bullying; mayor compromiso con la comunidad y conductas prosociales; mejores climas de aula y mayor sentido de pertenencia escolar; mejores resultados académicos”, recalca Moller.
Bienestar escolar y aprendizaje: una relación estrecha
El programa también pone énfasis en el impacto del carácter en el bienestar escolar. Matías señala: “Cuando en una comunidad escolar se desarrolla una cultura donde las fortalezas del carácter se viven de manera habitual, es más probable que las personas se sientan seguras, valoradas, conectadas con otros y parte activa de la vida del colegio”.
Asimismo, agrega que ejemplos concretos muestran que “cuando se promueve y expresa el respeto se evitan dinámicas de burla o exclusión”, que “cuando se fomenta la amabilidad se fortalecen los vínculos” y que “cuando se promueve el ser constructivo, los estudiantes tienden a buscar soluciones en lugar de quedarse en la queja”.
Este bienestar, a su vez, influye en los aprendizajes. “Existe abundante evidencia que muestra que el bienestar escolar se asocia a mejores aprendizajes”, destaca el jefe de Formación de Fundación Astoreca. En ambientes donde “existe seguridad física y psicológica, donde el error no se ridiculiza, se valora el esfuerzo y los estudiantes sienten que los adultos los respetan y apoyan”, es más probable que los estudiantes participen activamente y enfrenten los desafíos académicos.
Destacado:
Matías Moller advierte que los recientes resultados del SIMCE “ofrecen pistas en esta dirección: distintos indicadores vinculados al bienestar estudiantil como la relación con los docentes, la motivación por aprender o la gestión de la ansiedad académica aparecen asociados a mejores resultados de aprendizaje”, lo que refuerza que el bienestar escolar es “un factor relevante a considerar cuando pensamos en cómo mejorar los aprendizajes”.
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