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Dime cuánto faltó en marzo y te diré cómo termina su año

Dime cuánto faltó en marzo y te diré cómo termina su año

Para la mayoría de los chilenos, marzo es el mes de los gastos, de la vuelta a la rutina y del estrés. Pero para quienes trabajamos en educación, marzo es, sobre todo, una bola de cristal. Es el mes que anticipa cómo terminará el año escolar.

No se trata de intuición. Se trata de evidencia.

En 2025, el 74% de los estudiantes que presentó ausentismo crónico en marzo —es decir, que faltó al 10% o más de los días de clase— terminó el año en la misma situación. Las señales del primer mes no son circunstanciales: anticipan trayectorias que, si no se abordan a tiempo, tienden a consolidarse.

Dicho de forma simple: si un estudiante comienza con dificultades de asistencia en marzo, es altamente probable que esa trayectoria se mantenga durante el año.

Y el problema no es menor. En 2025, el 44,5% de los estudiantes terminó el año con ausentismo crónico. Eso equivale a 1.330.781 niños, niñas y jóvenes que perdieron cerca de un mes completo de clases.

Marzo es la principal ventana de oportunidad porque es cuando se forman hábitos, se reconstruyen vínculos y se instalan expectativas. Es el mes con mejores condiciones para intervenir. Cuando aún no ha llegado el invierno, cuando el cansancio acumulado no pesa y cuando el vínculo con la escuela todavía está fortaleciéndose.

Esperar a mitad de año para reaccionar implica actuar cuando el problema ya se consolidó y el margen de acción es menor.

Pero mejorar la asistencia no se logra solo con llamados a las familias o campañas de sensibilización. Requiere gestión.

Significa que el registro de asistencia deje de ser un trámite administrativo y se transforme en una herramienta de monitoreo estratégico. Que los equipos directivos revisen quién faltó dos días o más en marzo, identifiquen alertas tempranas y activen apoyos desde abril.

La evidencia muestra que el ausentismo no es un evento aislado, sino una trayectoria que tiende a repetirse si no se interviene oportunamente. De hecho, siete de cada diez estudiantes que estuvieron en situación de ausentismo crónico en 2024 repitieron esa condición en 2025.

La buena noticia es que no es un destino inevitable. Es un hábito que puede gestionarse.

Pero para lograrlo, la asistencia escolar debe asumirse como una variable estratégica de liderazgo, no como un indicador que se revisa cuando el semestre ya avanzó.

Marzo no es un mes más del calendario escolar.

Es la oportunidad de definir el rumbo del año.

Y en educación, las oportunidades no suelen repetirse.

Rebeca Molina 

Directora Ejecutiva de Fundación Presente

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