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Regístrate y accede a la revistaLa comprensión lectora es una habilidad para la vida; conoce su importancia y algunas estrategias que te ayudarán a mejorarla en el aula.
Por Andrea Cristina Alvarez Pacheco
A lo largo de nuestra vida educativa nos enfrentamos a distintas metas que debemos alcanzar, ya sea que hablemos de aprender a tomar un lápiz o descifrar nuestras primeras palabras en un libro; cada habilidad adquirida, por más pequeña que sea, nos ayuda a desarrollar otras cada vez más complejas. Aprender a leer es una de ellas, pero por sí sola no es suficiente si no somos capaces de comprender lo que leemos. De esta manera, la lectura de comprensión se vuelve un pilar en la educación y en la vida.
Contestar un examen, hacer una receta, seguir las instrucciones para armar un mueble o incluso saber los documentos que nos están pidiendo para cualquier trámite: necesitamos comprender lo que leemos. La comprensión lectora es una habilidad lingüística que tiene como base la interpretación de un texto escrito; dicho en palabras burdas, es simplemente entender lo que leemos. Sin embargo, esta habilidad no involucra únicamente conocer de manera individual las palabras de dicho texto, sino que también abarca comprender los aspectos globales del mismo.
La lectura es una actividad compleja que implica procesos cognitivos y psicolingüísticos, como la decodificación y la comprensión (Braslavsky, 2005). Decodificar consiste en reconocer y pronunciar palabras impresas, pero esta habilidad por sí sola no asegura la comprensión; la cual se define como la capacidad de extraer y construir significados al interactuar con un texto (Snow, 2002), integrando lo leído con el conocimiento previo y el contexto sociocultural del lector.
Sin embargo, según un estudio realizado por UNICEF en 2022, se proyectaba que, como consecuencia de la pandemia, cuatro de cada cinco estudiantes de sexto grado en América Latina y el Caribe no alcanzarían el nivel mínimo de comprensión lectora establecido por la UNESCO. Este dato resultaba especialmente alarmante, considerando la crisis educativa preexistente en la región y que, además, sugería la posibilidad de una disminución de hasta un 12 % en los ingresos futuros de estos estudiantes al incorporarse a la fuerza laboral.
En este mismo sentido, un estudio realizado en el estado de Sonora, México, por Amavizca y Álvarez-Flores (2022), indicó que los alumnos universitarios poseían un nivel de comprensión menor al esperado. Si bien los resultados eran distintos según el área de conocimiento al que pertenecían, no dejaba de ser un panorama desolador para la educación superior.
Emilia Ferreiro explicaba en su libro Alfabetización: teoría y práctica (1998) que los problemas de lectura tenían que verse solucionados con la alfabetización inicial, pero ¿qué pasa entonces con los universitarios que no entienden lo que leen?, ¿o con aquellos que no pueden analizar o interpretar un texto?
El fortalecimiento de la comprensión lectora constituye un desafío complejo, ya que, además de los factores lingüísticos, intervienen diversos procesos cognitivos, tales como la concentración, la atención, la observación, el análisis, la interpretación y la integración de conocimientos previos.
Van Dijk y Kintsch (1983) definen la comprensión lectora como la capacidad de los individuos para captar e interactuar con diferentes elementos de un texto escrito, separándolo en tres niveles:
Por otro lado, tradicionalmente se reconocen tres niveles de comprensión lectora:
Asimismo, Monash University señala distintos puntos como esenciales en el proceso involucrado con la lectura de comprensión; estos, además, también favorecen la toma de notas para el aprendizaje en entornos académicos:

Como se puede observar, la comprensión lectora es una competencia compleja y multidimensional que va más allá de la mera decodificación de palabras. Requiere la activación de diversos procesos cognitivos y el desarrollo progresivo de habilidades. Lo que nos lleva al siguiente punto.
Como se ha visto, la comprensión lectora es una de las habilidades fundamentales en el proceso de aprendizaje, ya que permite a los estudiantes acceder, procesar y construir conocimiento a partir del texto. Sin embargo, muchos docentes se enfrentan diariamente al desafío de lograr que sus estudiantes no solo lean, sino que realmente comprendan lo que leen, afectando el rendimiento académico en todas las áreas, limitando el pensamiento crítico y obstaculizando el desarrollo de una autonomía intelectual.
Por eso, a continuación te compartimos algunas estrategias que te ayudarán a abordar esta área de oportunidad desde el aula.
Una de las propuestas de Solé, tal como está citada en Montoya Álvarez et al. (2016), involucra tres momentos principales: previo a la lectura, durante y después de la lectura.
Estrategias de pre-lectura: Las actividades previas a la lectura deben preparar al lector para comprender y aceptar el texto, considerando tanto su lenguaje como su contenido cultural, definiendo objetivos y propósitos claros para guiar esta etapa. Además, se busca que el lector se cuestione: ¿por qué, qué y para qué leer? En entornos virtuales, estas actividades pueden enriquecerse con recursos como videos, audios, animaciones, simuladores, objetos interactivos, chats y redes sociales.
Estrategias durante la lectura: Tras el primer acercamiento al texto, se aplican diversas estrategias vinculadas a modalidades como la lectura guiada, comentada, compartida o independiente, que facilitan la interacción con el contenido y fomentan distintos niveles de participación. Entre ellas se encuentran: el muestreo, para seleccionar información relevante; el uso de esquemas, que conecta el texto con experiencias previas; y la predicción, que permite anticipar el contenido. Estas estrategias también favorecen las habilidades de autocontrol y autocorrección, esenciales para una lectura crítica y autorreflexiva.
Estrategias de post-lectura: Estas estrategias se enfocan en la comprensión global del texto y en la apropiación del conocimiento logrado durante la lectura, de esta manera se permite la elaboración de un resumen o síntesis, además de ampliar lo aprendido mediante la lectura.
Esta estrategia destaca la importancia de contar con suficiente información para construir conocimientos significativos, relacionando lo nuevo con los saberes previos. En este contexto, se implementan técnicas como los mapas conceptuales, que visualizan las relaciones entre conceptos generales y específicos, facilitando la comprensión y organización del conocimiento. Estos mapas constan de conceptos, proposiciones y palabras enlace, mismos que reflejan la teoría del aprendizaje significativo.
Por otro lado, los mapas mentales permiten representar ideas de forma visual y llamativa, partiendo de una idea central de la que se desprenden subtemas conectados por palabras o imágenes clave. Este tipo de organizadores gráficos simplifican la información compleja, estimulan la creatividad y potencian el pensamiento crítico.
En ambos casos, el docente cumple un rol clave al utilizar estas herramientas para fomentar la abstracción, la integración y la transmisión del conocimiento de forma significativa.
El andamiaje asistido es un enfoque pedagógico en el que un docente o tutor ofrece una ayuda provisional al estudiante, con el propósito de que este logre realizar una tarea o entender un concepto que todavía no maneja por completo, acompañándolo hasta que pueda desenvolverse de forma autónoma en su aprendizaje.
Martínez-Díaz et al. (2011) lo ejemplifican aplicado a la comprensión lectora de la siguiente manera:
Recuerda que la selección de estrategias didácticas para su implementación en el aula debe responder tanto a los objetivos educativos como a las características y necesidades específicas del estudiantado. No obstante, dada la relevancia de que los estudiantes universitarios desarrollen una comprensión lectora, resulta indispensable que el personal docente adopte metodologías pedagógicas pertinentes que favorezcan este propósito. En este sentido, se recomienda optar por enfoques que no solo estimulen la participación activa del alumnado, sino que además propicien el fortalecimiento de habilidades cognitivas, como el análisis, la inferencia y la reflexión crítica.
Luisa Guillermina Ramírez Mazariegos, profesora del Tecnológico de Monterrey, explica que las habilidades de un estudiante de nivel superior para la comprensión lectora son las siguientes:

La comprensión lectora se desarrolla en distintos niveles, ya que cada lector interpreta el texto de manera particular. Por ello, es fundamental que tanto docentes como estudiantes identifiquen el nivel alcanzado en cada lectura, a fin de aplicar estrategias que favorezcan una mejora progresiva. Este proceso depende de varios factores, como el lector, el contenido del texto, los conocimientos previos y las estrategias empleadas durante la lectura.
Además, requiere una planificación pedagógica deliberada, en la que los objetivos de aprendizaje se integren coherentemente con metodologías activas y recursos didácticos adecuados. Solo mediante esta articulación es posible trascender de una comprensión meramente literal del texto, orientando la lectura hacia una función formativa que habilite la construcción de conocimiento, el desarrollo del pensamiento autónomo y una mayor implicación académica. De esta manera, se contribuirá de forma significativa a la formación de lectores críticos y competentes, capaces de afrontar con solvencia los retos intelectuales propios de la educación superior y de un entorno social en constante transformación.
Fuente: https://observatorio.tec.mx/como-mejorar-la-comprension-lectora/
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