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Jul 2026 - Edición 304

Educación TP con sentido

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La importancia de crear «buenos hábitos»

El destacada profesor y psicólogo estadounidense William James (1842-1910), hermano mayor del escritor Henry James, nos entregó una mirada profunda de cómo opera la mente en los procesos de aprendizaje y, ya en esos años, hablaba de la importancia de formar "virtudes y buenas rutinas" en los alumnos. Sobre su legado conversamos con la investigadora Paulina Dittborn, específicamente del libro "Psicología para profesores, conferencias de William James", que recopila charlas dictadas por James en 1892, cuando Harvard lo invitó a hablar sobre el tema a los profesores de Cambridge.

Por: Marcela Paz Muñoz Illanes
La importancia de crear «buenos hábitos»

Cerca del 90% de la actividad de los seres humanos es puramente automática y habitual, indica el psicólogo William James. "Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos por la noche (...) aún en la forma de dirigirnos a los demás (...) son cosastan asentadas, a consecuencia de la repetición, que quizás deberíamos clasificarlas como actos reflejos".

Asegura el docente que, al convertirse los hábitos en parte trascendental de nuestras vidas y de las decisiones que tomamos , "la ocupación principal del profesor debe debe ser depositar en el estudiante una variedad de hábitos que sean lo más útiles posible para el resto de su vida. La educación es para la conducta y los hábitos son aquello de lo que está hecha la conducta".

Cuenta la académica Paulina Dittborn que William James, “desde una mirada muy biológica de nuestro ser, explica que nuestra primera educación se refiere a modificar en el niño los impulsos innatos por impulsos adquiridos. Ellos son: aprender a ir al baño, vestirse, lo que comemos y cómo comemos a determinadas horas, las formas de relacionarnos con los demás, los horarios que seguimos para nuestras actividades”.

Paulina Dittborn

Paulina Dittborn

En pocas palabras, el autor se refiere al hecho de que “todo nuestro accionar es aprendido y se transforma en un hábito. De esta forma, se habla que nuestros hábitos son nuestra segunda naturaleza, y con el paso de los años pasan a ser mucho más importantes de lo que habíamos pensado”, dice Paulina Dittborn.


El profesor James hace mucho hincapié respecto de que, cuando en psicología “se mencionan los hábitos, no estamos refiriéndonos exclusivamente a ‘malos hábitos’, sino a todo este accionar al cual se adapta nuestro sistema nervioso. Dicho lo anterior, el autor también señala la riqueza que significa para una persona tener hábitos que le son útiles. Por ejemplo, el hábito de que cuando el estudiante vuelve a su casa descanse y luego piense y vea cuáles van a ser actividades del día siguiente en el colegio. Que adquiera el hábito de leer y explorar en los ámbitos del conocimiento”, dice Paulina Dittborn.


—¿Por qué es necesario que el profesor focalice sus esfuerzos en crear hábitos en sus alumnos?


—En primer lugar, de acuerdo a la mirada de James la rutina escolar diaria crea en los niños el hábito de trabajar en el colegio. De poner atención, de compartir con compañeros de curso y de responder adecuadamente en ese ambiente. Luego, el profesor puede desarrollar una rutina de actividades que pase a ser un hábito en su clase y ello, particularmente en los niños más chicos, será muy positivo porque, además de que da mucha seguridad al niño respecto de lo que va a pasar en la clase, lo hace estar más abierto a recibir nueva información y a estar mejor dispuesto para ello.


Este es un aspecto emocional muy importante para el estudio. James describe muy bien en su libro lo terrible que puede ser la vida de alguien sin hábitos. Es la incertidumbre total. No sabe lo que se va a poner, adónde irá, qué va a hacer. Muy angustiante.


—Asegura William James que un “buen consejo” es “nunca hacer una excepción hasta que el nuevo hábito ya se encuentre bien incorporado en su vida”. ¿Existen algunas estrategias que se recomiendan para formar hábitos en los alumnos?


—Desde luego, en mi época eran muy forjadoras de hábito las tareas que mandaban los profesores. Ya fuese leer un libro para tal fecha o tener que llevar a cabo una investigación. De esa manera, se podía crear el hábito de estudiar y organizar su tiempo durante las horas que no se estaba en el colegio.


EL VALOR DEL ESFUERZO Y LA PERSEVERANCIA


Parte importante es revalorizar el esfuerzo en las acciones que se emprenden. Dice el psicólogo: “Mantengan viva en ustedes la facultad del esfuerzo a través de algún ejercicio gratificante cada día”. Explica que es aconsejable ser sistemáticamente heroicos en algunos aspectos innecesarios, “hagan una vez al día o cada dos algo por la sola razón de que es complicado, de manera que cuando los tiempos difíciles les acechen, los encuentren preparados”. Cada golpe de virtud o vicio, explica el autor, “deja una cicatriz no tan pequeña.  Nada de lo que hacemos, científica y literalmente hablando, se borra”. El profesor agrega en su libro: “Si los jóvenes pudiesen darse cuenta de lo pronto que se transformarán en meros cuerpos actuantes de hábitos, le dedicarían más esfuerzo a su conducta mientras aún se encuentra en un período de mayor plasticidad”.


—¿De qué manera es posible explicar a los estudiantes el valor del esfuerzo y de la perseverancia en sus actos?


—Yo creo que un niño desde los 12 años, más o menos, puede leer el capítulo de James acerca de los hábitos y reflexionar acerca de ello. Les es muy entretenido a los niños conocerse más, saber cómo funciona su organismo. Ahí se explica por qué cuando hacemos algo por primera vez es tan difícil y por qué luego nos resulta más fácil, porque es importante que tengamos ciertas rutinas. El secreto estaría en hablar de nosotros como un gran conjunto de hábitos y no en sermonear con buenos o malos hábitos. Nuestros hábitos nos han convertido en lo que somos, como dice James, y eso es importante para cualquier joven, saber cómo se construye a sí mismo con las acciones que efectivamente hace cada día.

En su libro, asegura que en todo esto existe un lado positivo. “Nos hacemos alcohólicos de tantos tragos, así también nos hacemos santos en lo moral, y autoridades y expertos en esferas académicas por los actos y horas de trabajo”.


—¿Es posible traspasar a los alumnos el hecho de que “nuestros actos tienen consecuencias”?


—No solo es posible, es un deber de todo educador reflexionar con sus estudiantes acerca de las consecuencias que tienen los actos y de la libertad que todos tenemos para realizar tal o cual acción y/o actividad. La mejor manera de entrar en esta conversación con ellos es con ejemplos de su vida diaria. La vida está llena de acciones que hacemos porque nos hemos comprometido, porque nos parece positivo tal o cual acto, porque nos parece justa tal o cual acción. Es más, nuestras palabras nos instan a realizar actos posteriormente y nos comprometen mucho más de lo que imaginamos a veces, y es bueno que los profesores y sus alumnos piensen y conversen acerca de esto.

 

 

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