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Regístrate y accede a la revistaLa IA pone en jaque una educación basada solo en la técnica. Redes de colaboración sólidas, habilidades del siglo XXI y docentes bien formados son fundamentales para la educación técnico-profesional del futuro, y es ahí donde Puentes Educativos TP pone el foco.
“Solo alrededor del 40% de los liceos TP cuenta con un convenio formal con una empresa”, asegura Gonzalo Plaza, director ejecutivo de Fundación 99, que a través de Puentes Educativos TP lleva cinco años impulsando redes y formando docentes en La Araucanía y Los Ríos, impactando a 34 establecimientos de la zona.
Para Plaza, el principal desafío de la educación TP hoy es la pertinencia, que se logra cuando la formación de los estudiantes dialoga con sus aspiraciones, con las necesidades productivas del territorio y con un mundo laboral que cambia a una velocidad creciente. En esa línea, asegura que la actualización de la Estrategia Nacional de Educación y Formación Técnico Profesional, con horizonte al 2050, es muy clara en esa dirección al proponer superar la idea del técnico como un simple ejecutor de tareas y avanzar hacia “Aprendizajes para el Trabajo y la Vida”.
-¿Cuáles son hoy los mayores desafíos que enfrenta la educación TP?
-La pertinencia supone, al menos, tres desafíos muy concretos. Primero, construir trayectorias más flexibles, donde un joven pueda trabajar, continuar estudios, capacitarse, emprender y volver a formarse a lo largo de su vida. Segundo, fortalecer la formación continua de docentes y las condiciones de aprendizaje, incluyendo equipamiento e infraestructura. Y tercero, desarrollar una verdadera capacidad de anticipación tecnológica, de manera que el sistema pueda responder a los cambios que ya están provocando la automatización, la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías.
Hay un cuarto elemento que para nosotros es clave: la pertinencia territorial. Tenemos que preguntarnos permanentemente si cada especialidad conversa con el futuro productivo del territorio y con las oportunidades de continuidad de estudios.
La IA acelera ese desafío, pero no creo que la respuesta sea simplemente enseñar una herramienta específica, porque probablemente esa herramienta cambiará con rapidez. Además, la formación técnica tiene que combinar competencias técnicas sólidas con habilidades del siglo XXI.
"Un buen liceo TP puede conectar educación, innovación, tecnología, emprendimiento, empresas, educación superior y desarrollo económico local. En territorios rurales, eso puede ser especialmente transformador: el liceo puede convertirse no solo en un lugar donde se forman estudiantes, sino también en un actor que dinamiza oportunidades para toda la comunidad”. Gonzalo Plaza.
-¿Cuál es el rol de las redes en la educación TP?
-Las redes son fundamentales porque un liceo TP no puede formar solo. Necesita estar conectado con otros liceos, con el sector productivo, con instituciones de educación superior, con organismos públicos y con organizaciones de la sociedad civil. En educación TP, el ecosistema no es algo accesorio: es parte de la experiencia formativa.
Chile ha avanzado en esta línea a través de iniciativas como la Red Futuro Técnico y Empresas x Chile, que han permitido desplegar redes territoriales y nodos sectoriales. Es una base muy valiosa sobre la cual seguir construyendo.
Sin embargo, el desafío es avanzar desde iniciativas aisladas hacia la construcción de ecosistemas territoriales permanentes, con una gobernanza clara y capaces de generar oportunidades concretas y sostenibles para los estudiantes.
-Al potenciar la formación de docentes TP, ¿cuáles son las temáticas o habilidades que deberían ser prioridad?
-Necesitamos hacer una especie de 2.0 de la formación y del currículum TP. No se trata solo de actualizar conocimientos técnicos específicos, sino de preguntarse qué capacidades necesitarán los jóvenes para desenvolverse en un mundo productivo que va a cambiar varias veces durante su trayectoria laboral. Por eso, las habilidades del siglo XXI o habilidades del futuro deberían ocupar un lugar central. La actualización curricular TP que está impulsando el Mineduc también avanza en esta dirección, buscando un currículum más flexible, contextualizable y conectado con trayectorias formativas y laborales.
Eso también supone acercar mucho más a los propios docentes al sector productivo y a las instituciones de educación superior. Necesitamos más pasantías, actualización técnica y trabajo conjunto.
-¿Cuál ha sido el mayor desafío u obstáculo que han debido superar a la hora de implementar el proyecto?
-Hay varios desafíos estructurales. Uno muy importante es la poca pertinencia que a veces existe entre las especialidades que se imparten y la vocación productiva de las localidades.
Un segundo desafío es la falta de articulación entre los docentes de formación general y los docentes de formación diferenciada TP. Creemos que una educación TP más pertinente también tiene que ser mucho más interdisciplinaria.
Y probablemente el desafío más profundo es cultural. Durante demasiado tiempo, la educación TP ha sido vista como una alternativa secundaria o como la opción para quienes supuestamente no continuarían estudiando. Tenemos que cambiar esa mirada. La educación TP debería ser una joya del sistema educativo y una punta de lanza para el desarrollo de los territorios.
-¿Qué proyectos o avances quieren impulsar a futuro en materia de educación TP?
-Creemos que la educación TP es parte del futuro de los territorios, y esto es particularmente relevante en contextos de ruralidad. En muchos de estos lugares existen enormes oportunidades para desarrollar especialidades más conectadas con las vocaciones productivas locales, las nuevas tecnologías y los sectores con potencial de crecimiento; para fomentar el emprendimiento; y para construir mejores rutas hacia la educación superior y el empleo.
El objetivo es apoyar ambas trayectorias: aumentar las posibilidades de continuidad de estudios, pero también asegurar que quienes tengan que entrar al mundo laboral lo hagan con las mejores herramientas posibles: competencias técnicas pertinentes, habilidades del siglo XXI, experiencia práctica, redes, información y capacidad para seguir aprendiendo. Esa flexibilidad es, justamente, una de las ideas más potentes de la nueva Estrategia Nacional TP.
El trabajo de Fundación 99Fundación 99 lleva cinco años trabajando en educación técnico-profesional, con foco en dos iniciativas: Puentes Educativos TP, que cuenta con el apoyo de Fundación MC y Efecto Colectivo, y Futuro Local, que se desarrolla gracias al apoyo de BHP Foundation. Puentes Educativos TP busca construir los nexos que muchas veces faltan entre el liceo, el territorio, el sector productivo y la educación superior. El programa tiene tres componentes centrales que funcionan de manera articulada: ● Formación docente en Aprendizaje y Servicio (A+S): acompaña a los profesores para que puedan trabajar objetivos curriculares a partir de desafíos reales de sus comunidades y territorios, promoviendo además una mayor articulación entre docentes de formación general y formación diferenciada TP. ● Alternancia y vinculación con el medio: conecta establecimientos con empresas e instituciones de educación superior para desarrollar experiencias concretas –visitas técnicas, mentorías, capacitaciones, certificaciones, prácticas, proyectos conjuntos y otras instancias– que acerquen a los estudiantes al mundo productivo y a las posibilidades de continuidad de estudios. ● Red directiva: trabaja con los equipos de liderazgo. Para que los cambios sean sostenibles, tienen que incorporarse a la gestión del establecimiento y convertirse en una forma distinta de entender la educación TP. Los resultados muestran avances relevantes. Por ejemplo, han observado mejoras cercanas al 60% en indicadores de autoeficacia docente y avances en habilidades del siglo XXI de los estudiantes, además de cambios positivos en prácticas pedagógicas, conocimiento de las alternativas de educación superior y expectativas respecto de sus trayectorias futuras. |
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