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Regístrate y accede a la revistaEl desafío es volver a lo esencial: fortalecer la lectura, la escritura y la matemática, cuidar los vínculos humanos y formar jóvenes capaces de pensar por sí mismos.
El reto de educar en tiempos de inteligencia artificial no pasa por incorporar más tecnología, sino por saber ponerla al servicio de la formación. En ese escenario, sostiene Klaus Droste que es necesario volver a lo esencial: fortalecer aprendizajes fundamentales como la lectura, la escritura y la matemática, formar a los jóvenes para que sean capaces de pensar por sí mismos y resguardar los vínculos humanos que están en el centro de todo proceso educativo.
-La IA ya está cambiando la forma en que los jóvenes estudian y aprenden. ¿Cómo podemos aprovecharla sin perder de vista lo esencial de la educación?
-Esta idea se encuentra en el centro de la encíclica Magnifica Humanitas del Papa León XIV, dedicada precisamente a la custodia de la persona humana en tiempos de la inteligencia artificial. El Papa advierte contra el riesgo de una nueva “Babel tecnológica” y llama a una alianza educativa que evite que, frente a máquinas capaces de responder casi todo, se apague en los jóvenes algo tan valioso como el “deseo de hacer preguntas” e intentar respuestas propias. Es una tensión que se puede dar en una sala de clases. No se trata de cuánta tecnología usar, sino de si esa tecnología fortalece o no la capacidad intelectual de los alumnos, incrementando su capacidad de preguntar, dudar, recordar, imaginar, pensar y razonar por cuenta propia.
Platón advirtió de este riesgo en el Fedro. Ahí, Sócrates cuenta el mito del dios Thot, que ofrece la escritura como remedio a la memoria. El rey Thamus le responde que, lejos de fortalecerla, ese invento produciría el efecto contrario: quienes la usen dejarán de ejercitar su propia memoria y confiarán en signos externos, ajenos a ellos. Toda invención puede utilizarse como apoyo o sustituto. En este sentido, lo esencial de la educación nunca cambia frente a una nueva herramienta, que bien utilizada puede fortalecer y mal usada, debilitar la formación.
-Los últimos resultados de PISA muestran que Chile obtuvo 403 puntos en Matemática y 436 en Lectura, cifras inferiores a las de hace dos décadas. ¿Qué nos dicen estos resultados sobre las prioridades en educación?
-Son resultados que alarman, pero creo que no sorprenden. No es una novedad que el nivel cultural viene deslizándose desde hace largo tiempo por un derrotero de empobrecimiento y falta de vigor, que no ha hecho más que desenfocar la educación y delata el debilitamiento humano de nuestra sociedad. Se trata de habilidades básicas que son condición de posibilidad de progreso en cualquier estudio. Esta situación no se revierte con políticas públicas únicamente, exige un compromiso sostenido de los padres, los colegios y las comunidades velando por el adecuado desarrollo de los niños desde la infancia a la juventud.
Es necesario atender y darles prioridad a estos aprendizajes fundamentales para fortalecerlos –comprensión lectora y razonamiento matemático– y con un foco especial en estudiantes más vulnerables. Conviene tener presente como criterio la dignidad de la persona para evaluar cualquier cambio, de manera que no reduzcamos al estudiante a un puntaje o a un dato de rendimiento, sino que atendamos constantemente al desarrollo de la totalidad de la persona. En ese sentido, tampoco basta con obtener buenos resultados en lectura y matemática, porque lo realmente importante es si la educación ha logrado despertar el deseo de usar la libertad para alcanzar un bien que nos permita crecer y ser mejores.
"El esfuerzo, la perseverancia y la confianza en la capacidad que se tiene no se enseñan con discursos; se van vivenciando con los pequeños triunfos, constatando que sus esfuerzos dan fruto. Ahí, el papel de los padres y profesores es fundamental para sostener ese proceso”. Klaus Droste.
-La OCDE advierte que el uso de pantallas y la lectura rápida podrían estar desplazando el tiempo dedicado a leer en profundidad. ¿Qué consecuencias puede tener esto en la formación de los jóvenes?
-La lectura profunda no es meramente una habilidad académica, es base para el pensamiento y la capacidad de poder sostener algo en la mente sin necesidad de una respuesta inmediata. La lectura profunda está más conectada con la capacidad de contemplar que con la capacidad de resolver. Cuando el hábito de leer en profundidad se debilita, se resiente también la capacidad de reflexionar, de argumentar, de relacionar y comprender realidades distintas a la propia.
Respecto a cómo recuperar este terreno, debiéramos preguntarnos cómo leemos los adultos, padres de familia y profesores, y cómo ese gusto o disgusto se transmite. El gusto por la lectura no siempre surge de un deseo inmediato y espontáneo, como jugar o comer algo rico. Es algo que se aprende a saborear y que muchas veces comienza con el asombro y la curiosidad que nos impulsan a leer. Al principio, ese camino puede parecer lento o incluso poco atractivo, pero ofrece una gran recompensa.
Muchas veces nos animamos a recorrerlo gracias al ejemplo de otros: personas que leen y comparten historias interesantes o entretenidas que descubrieron en los libros; momentos de lectura compartida; cuentos leídos en voz alta a los niños; o simplemente hogares donde los libros están presentes, al alcance de todos, invitando a descubrir, imaginar y pensar.
El texto siempre es una imagen o recordatorio de un conocimiento vivo que además lleva al diálogo, al intercambio de ideas o imágenes, a la conversación. Porque lo importante de la lectura es que vaya alumbrando en la mente del niño una palabra viva, un conocimiento que orienta, que es capaz de iluminar el camino de la voluntad. No se trata solo de adquirir una destreza comprensiva, sino de ir adquiriendo la habilidad de poder leer la gramática de la realidad. Para eso se necesitan buenos profesores, y ojalá también padres que valoren la lectura.
-¿Qué papel cumplen los profesores, las familias y los vínculos humanos?
-La recuperación de aprendizajes no es solo un tema técnico de reforzar contenidos, exige estar atentos a lo emocional y a los vínculos. Los profesores que logran generar confianza y una adecuada cercanía con sus alumnos son quienes mejor logran despertar y sostener en ellos el gusto por saber y levantarles después de caer, así también la familia acompaña con expectativas realistas y el cariño que dan, guiando, iluminando, acompañando y sosteniendo. Es importante celebrar los pequeños avances, ponerse metas factibles de conseguir con esfuerzo. Magnifica Humanitas ofrece un planteamiento interesante: frente a la tentación de resolverlo todo con más tecnología, el Papa insiste en que ninguna herramienta reemplaza el vínculo humano, la comunidad, la familia y la solidaridad como base para que una persona pueda desarrollarse plenamente.
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4 claves para los equipos directivos |
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● 1. La tecnología es un medio, no un fin en sí misma. Cada decisión en relación con el uso de la técnica está precedida por una decisión moral en relación con el bien o el mal. En este sentido, siempre que se implemente una nueva técnica o herramienta hay que evaluar cuánto fortalece o debilita el uso del propio pensamiento en los alumnos y cuánto contribuye este uso a fortalecer los vínculos entre las personas. ● 2. Priorizar los aprendizajes fundamentales, dentro de los cuales se encuentran la lectura, la escritura y la matemática. Sin esa base, cualquier avance es una ficción. ● 3. La formación de los profesores en distintas dimensiones, por ejemplo, tener claridad a quién se educa, qué es educar y para qué se educa, de manera que aumente su compromiso con sus estudiantes, el gusto por un buen trabajo y compromiso con el proyecto educativo. ● 4. Abandonar la lógica de la autosuficiencia técnica, donde las herramientas terminan dominando. Cada colegio enfrenta esta disyuntiva cuando decide cuándo y cómo incorpora inteligencia artificial. Me parece importante que los equipos directivos puedan analizar y dialogar dónde están sus estudiantes, desde el punto de vista existencial; hacia dónde caminan, qué aspiran, de qué carecen verdaderamente, e idear un camino conjunto por el cual se puede reiniciar el proceso educativo con orden y entusiasmo. |
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