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Sep 2026 - Edición 306

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PISA-VET: La nueva mirada internacional sobre la educación TP

Conversamos con Ricardo Espinoza, chileno y jefe de la Unidad de Educación Técnica Profesional (VET) y Manager de PISA-VET en la OCDE, sobre esta primera evaluación internacional centrada en la educación TP y su aporte al fortalecimiento de las políticas públicas.

Por: Marcela Paz Muñoz I.
PISA-VET: La nueva mirada internacional sobre  la educación TP

Los cambios tecnológicos, la transición verde y las nuevas demandas del mercado laboral están poniendo a la educación técnico-profesional en un lugar cada vez más estratégico. En este escenario, PISA-VET busca aportar evidencia internacional comparable sobre las competencias que desarrollan los estudiantes y sobre las características de los sistemas en que se forman. Ricardo Espinoza, de la OCDE, explica los alcances de esta nueva evaluación y los aprendizajes que puede ofrecer para fortalecer la ETP y orientar futuras decisiones de política pública.

-La OCDE ha impulsado diversos estudios para comprender mejor la educación técnico-profesional en el mundo. ¿Es un elemento estratégico para el desarrollo económico y social de los países?

-Estamos viviendo varios cambios al mismo tiempo, y todos aumentan la importancia de contar con una formación técnico-profesional sólida. Los presupuestos están más tensionados, se están jubilando cohortes importantes de trabajadores en oficios críticos, la transición verde está generando una fuerte demanda de competencias técnicas y la inteligencia artificial está cambiando rápidamente las tareas y competencias que se necesitan en el trabajo. En este contexto, la formación TP tiene una ventaja importante: puede desarrollar competencias relevantes para el mercado laboral en plazos relativamente cortos, facilitar una transición más rápida hacia el empleo y adaptarse con mayor agilidad cuando cambian las necesidades de las empresas. Además, cuando existe una buena colaboración con los empleadores, permite compartir responsabilidades y costos en la formación.

Pero creo que hay algo más importante. La formación TP ya no debería verse como una alternativa a la educación universitaria o científico-humanista, sino como una parte fundamental de un sistema de educación que permite a las personas entrar al mercado laboral, progresar y volver a formarse a lo largo de su vida. 

"La formación TP ya no debería verse como una alternativa, sino como una parte fundamental de un sistema de educación que permite a las personas entrar al mercado laboral, progresar y volver a formarse a lo largo de su vida”. -Ricardo Espinoza.

-En los últimos años se ha comenzado a hablar de PISA-VET como una nueva evaluación internacional. ¿Cuál es su propósito y qué aspectos busca medir?

-PISA-VET es la primera evaluación internacional a gran escala centrada en la formación técnico-profesional. Su objetivo es generar evidencia comparable entre países sobre cómo los estudiantes de ETP aplican sus conocimientos y competencias en situaciones que reflejan el mundo real del trabajo, y utilizar esa información para fortalecer las políticas públicas.

La diferencia con PISA está principalmente en qué se evalúa y a quién se evalúa. PISA mide competencias fundamentales –como lectura, matemáticas y ciencias– en estudiantes de 15 años. PISA-VET, en cambio, se enfoca en estudiantes que están próximos a terminar su formación profesional inicial y evalúa competencias específicas de una ocupación, incluyendo conocimiento práctico, comprensión de conceptos y capacidad para aplicar lo aprendido en distintos contextos laborales.

La pregunta central no es solo si los estudiantes conocen ciertos contenidos, sino si pueden aplicar ese conocimiento para resolver problemas y realizar tareas propias de su campo profesional.

Actualmente estamos en la fase de desarrollo del proyecto, que se extiende entre 2023 y 2027. En esta etapa participan quince países. El próximo año iniciamos la recolección de datos como parte de un estudio piloto, pero todavía no estamos produciendo resultados comparativos, estamos desarrollando, probando y validando los instrumentos.

El proyecto está todavía en una etapa en la que pueden incorporarse nuevos países, y nos encantaría contar con Chile.

-¿Qué aprendizajes podrían obtener los países a partir de una evaluación internacional específica para la educación técnico-profesional? 

-PISA-VET permitirá generar información en tres niveles que hasta ahora no estaba disponible de manera comparable entre países. El primero es el nivel de las competencias de los estudiantes. Podremos conocer cómo se desempeñan los estudiantes dentro de una misma área ocupacional en distintos países, y también analizar las diferencias entre estudiantes con distintas características dentro de cada país. Esta información es fundamental porque, a diferencia de otros niveles educativos, en la ETP todavía tenemos muy poca evidencia internacional comparable sobre qué competencias desarrollan los estudiantes.

El segundo nivel tiene que ver con los propios programas de formación. Queremos entender qué características comparten y en qué se diferencian los programas dentro de una misma área ocupacional, tanto entre países como al interior de ellos. Esto es relevante porque en muchos sistemas conviven trayectorias distintas, como la formación dual y los programas más escolarizados, y necesitamos comprender mejor cómo estas diferencias se relacionan con los resultados de aprendizaje.

El tercer nivel corresponde al sistema en su conjunto: cómo se organizan y financian los programas, cómo se preparan y regulan los docentes y formadores, cuánto aprendizaje ocurre en el lugar de trabajo y qué trayectorias existen para acceder y progresar dentro de la formación técnico-profesional.

"PISA-VET se enfoca en estudiantes que están próximos a terminar su formación profesional inicial y evalúa competencias específicas de una ocupación, incluyendo conocimiento práctico, comprensión de conceptos y capacidad para aplicar lo aprendido en distintos contextos laborales".

-¿Qué peso tienen hoy habilidades como la resolución de problemas, el trabajo colaborativo, en los marcos de evaluación internacionales?

-Tienen un peso central. De hecho, están incorporadas explícitamente en el diseño de nuestra evaluación. Evaluamos cuatro competencias de empleabilidad que consideramos fundamentales: comprensión lectora, resolución de problemas, desempeño en la tarea –que incluye aspectos como responsabilidad, autocontrol y persistencia– y colaboración. Estas competencias incluyen también la capacidad de comunicarse eficazmente y trabajar con otros.

Las seleccionamos por dos razones. Primero, porque son relevantes independientemente del área ocupacional: un buen técnico, sea electricista, profesional de la salud o técnico en administración, necesita movilizar este tipo de competencias en su trabajo. Segundo, porque contamos con marcos e instrumentos internacionales que nos permiten medirlas de manera rigurosa y comparable, aprovechando la experiencia de la OCDE en PIAAC y en el Estudio sobre Competencias Sociales y Emocionales.

Y esto es importante porque la ETP no debe limitarse a preparar a una persona para desempeñar una tarea específica. También debe darle las herramientas para resolver problemas, trabajar con otros y adaptarse cuando esa tarea cambie. Esa combinación entre competencias técnicas y transversales es cada vez más importante.

-¿Cómo deberían responder los sistemas de educación técnico-profesional para mantenerse pertinentes frente a estos cambios?

-La transformación digital está afectando a la formación TP en al menos dos dimensiones. La primera tiene que ver con qué enseñamos. Las transiciones digital y verde están cambiando el contenido de muchas ocupaciones de nivel intermedio, precisamente aquellas para las que forma la ETP. Cerca de uno de cada cuatro jóvenes egresados de ETP trabaja en empleos afectados por la transición verde, y una proporción importante lo hace en sectores intensivos en emisiones que están expuestos a procesos de reconversión. Esto exige actualizar los currículos y las cualificaciones, reforzar las competencias STEM y transversales, y ampliar las oportunidades de aprendizaje continuo. Esto último es especialmente importante porque los egresados de ETP que trabajan en ocupaciones en transformación reciben, en promedio, menos formación que otros trabajadores.

La segunda dimensión tiene que ver con cómo diseñamos y actualizamos los currículos y las cualificaciones. Hoy, estos procesos pueden ser bastante lentos: desarrollar una cualificación completa puede tomar entre nueve meses y tres años, dependiendo del país. Aquí la IA puede ayudar a reducir algunos de estos cuellos de botella: por ejemplo, analizando información sobre el mercado laboral, comparando competencias, apoyando la redacción y validación técnica, o sistematizando las consultas con empleadores y otros actores.

La oportunidad, por tanto, no es simplemente utilizar IA para hacer más rápido lo que ya hacemos. Es utilizarla para que nuestros sistemas de ETP puedan detectar antes los cambios, actualizarse con mayor rapidez y mantener una conexión más estrecha con las necesidades del mundo del trabajo. Algo importante a destacar es que el valor de la IA depende menos de la tecnología en sí que de cómo se integra en los sistemas de gobernanza y aseguramiento de calidad que sostienen la confianza en la ETP. El principal riesgo no es tecnológico, sino de gobernanza. Si utilizamos la IA para sustituir el diálogo con empleadores y otros actores, podemos debilitar precisamente aquello que da valor y legitimidad a una cualificación.

-¿Qué prácticas internacionales han demostrado ser efectivas para lograr una vinculación entre educación y empresas?

-La lección más clara de la experiencia internacional es que una vinculación sostenible no depende solo de convenios o de la buena voluntad de personas específicas. Los sistemas más sólidos involucran a los empleadores y trabajadores en el diseño de estándares, currículos y evaluaciones, no solo en recibir estudiantes. También aseguran que el aprendizaje en la empresa esté bien diseñado, con tutores preparados y condiciones que hagan atractiva la participación para ambas partes.

Otro elemento clave son las estructuras intermedias –como organismos sectoriales o cámaras empresariales– que facilitan la colaboración, especialmente para las pequeñas empresas. Y finalmente, la conexión con el mundo productivo debe mantenerse a través de los docentes, mediante actualización técnica y contacto permanente con la industria. Para Chile, la lección no es copiar un modelo específico, sino construir gradualmente los mecanismos que permitan una colaboración más sistemática entre formación y empleo.

-¿Qué rol desempeñan los docentes y equipos directivos? 

-Es un factor crítico, al igual que en la formación general o científico-humanista, pero con desafíos propios de la formación técnico-profesional. Hay dos retos principales, que además están relacionados. El primero es de disponibilidad. Muchos países están enfrentando, o anticipando, una ola de jubilaciones de docentes y formadores, y atraer nuevos profesionales no es sencillo porque las instituciones de formación compiten con el sector privado, especialmente en aquellas áreas donde los trabajadores con competencias técnicas tienen buenas oportunidades laborales fuera de la docencia.

El segundo desafío es de calidad. La formación técnico-profesional requiere una combinación particular: conocimiento técnico actualizado y capacidad pedagógica para enseñar. Esto plantea una dificultad porque quienes desarrollan su carrera principalmente dentro del sistema educativo necesitan oportunidades para mantenerse conectados con la evolución de la industria, mientras que los profesionales que vienen directamente del mundo laboral suelen requerir apoyo para desarrollar competencias pedagógicas.

Estos dos desafíos están estrechamente vinculados. Si los requisitos de entrada son demasiado rígidos, se puede reducir la capacidad de atraer especialistas con experiencia práctica. Por eso, varios países están desarrollando vías más flexibles, que permitan a profesionales provenientes de la industria adquirir progresivamente las competencias pedagógicas necesarias. También es importante no olvidar a un actor clave: los formadores en las empresas.  

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Decisiones a considerar

Si Chile decidiera utilizar los resultados de una evaluación como PISA-VET para orientar sus políticas públicas, estas serían las tres decisiones más importantes a considerar.

  • Los países podrán identificar qué competencias desarrollan los estudiantes, reconocer fortalezas y brechas y comparar sus resultados con otros sistemas. Esta mirada comparada ofrece una referencia hasta ahora limitada en la formación técnico-profesional.
  • La evidencia permitirá analizar cómo distintos modelos de formación, incluida la combinación entre aprendizaje en la institución y la empresa, se relacionan con los resultados de los estudiantes y la calidad de la enseñanza.
  • Los datos permitirán identificar brechas entre estudiantes y comprender qué factores del sistema, las instituciones o los entornos de aprendizaje pueden contribuir a reducirlas.

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