Suscríbete a nuestra revista y podrás leer el contenido exclusivo online
Regístrate y accede a la revistaLa tecnología, la IA y los cambios productivos están redefiniendo las competencias de los futuros técnicos. Cuatro expertos analizan las capacidades y prioridades que hoy debe abordar la formación TP.
Cuatro voces vinculadas a la educación técnico-profesional coinciden en que preparar a los jóvenes para el futuro exige reflexionar sobre las competencias que entrega la TP. Para Carolina Niklitschek, directora del Liceo Bicentenario de Excelencia Agrícola Tecnológico Werner Grob, de La Unión, Región de Los Ríos, y que forma parte de la RED Irarrázaval, el desafío está precisamente en profundizar esa formación. “El egresado de la educación técnico-profesional necesitará mucho más que el dominio de una especialidad. Necesitará ser capaz de aprender, desaprender y volver a aprender durante toda su trayectoria laboral”, señala. “En el área TP debemos formar jóvenes que sean competentes técnicamente, pero también capaces de enfrentar escenarios que hoy todavía no podemos anticipar. Por eso, la capacidad de transferir lo aprendido a situaciones nuevas será probablemente una de las competencias más importantes”, agrega.
"Necesitamos estudiantes que no se paralicen frente a una situación nueva, sino que sean capaces de investigar, pedir ayuda, buscar alternativas, aprender de sus errores y adquirir rápidamente nuevos conocimientos”. -Carolina Niklitschek.
Esta mirada es compartida por Paulina Moreno, directora ejecutiva de la Corporación Empresas del Maipo (Cemaipo), quien explica que los egresados de la educación TP “necesitarán combinar una formación técnica con capacidad de adaptación, aprendizaje permanente y dominio de herramientas digitales. Más que preparar a los estudiantes únicamente para ejecutar determinadas tareas, debemos formarlos para comprender procesos, resolver problemas, tomar decisiones y desenvolverse en entornos tecnológicos cambiantes. Por eso creemos fundamental que manejen competencias como el pensamiento crítico, la resolución de problemas, la comunicación efectiva, el trabajo colaborativo, el autoaprendizaje, la autonomía y la innovación”.
Asimismo, para la directora de Cemaipo, las habilidades socioemocionales son hoy prioritarias. La velocidad con que cambian las tecnologías y los procesos hace que las competencias técnicas puedan quedar rápidamente obsoletas y que surjan otras nuevas. Por ello, considera fundamental fortalecer el aprendizaje continuo y desarrollar habilidades que permitan adaptarse a un mundo en permanente transformación.
“(los egresados de la educación TP) necesitarán combinar una formación técnica con capacidad de adaptación, aprendizaje permanente y dominio de herramientas digitales. Debemos formarlos para comprender procesos, resolver problemas y tomar decisiones”. -Paulina Moreno.
Las competencias digitales también son clave, señala Moreno. La alfabetización digital es hoy un imperativo para utilizar tecnologías, interpretar información y desenvolverse activamente en estos entornos. El desafío para la formación TP, sostiene, es entregar herramientas que permitan desenvolverse en el mundo digital de manera adecuada y competitiva, entendiendo que las competencias técnicas, por sí solas, no bastan para formar a un técnico profesional.
Por su parte, Carolina Quintas, directora del Colegio Bicentenario Aprender, que forma parte de la RED Irarrázaval, coincide en que preparar a los estudiantes para un escenario laboral en permanente transformación exige desarrollar capacidades que les permitan responder a contextos nuevos. “Para que nuestros estudiantes puedan desenvolverse con éxito en un entorno cambiante y vertiginoso, es fundamental que desarrollen competencias como la flexibilidad, el pensamiento crítico y la creatividad”, afirma.
"Es fundamental preparar a los jóvenes para enfrentar el cambio con plasticidad”. -Carolina Quintas.
En ese escenario, la capacidad de adaptación adquiere especial relevancia. Para Quintas, los jóvenes deben aprender a resignificar y redireccionar sus aprendizajes a lo largo del tiempo, manteniendo una disposición permanente al cambio y siendo capaces de ajustar lo aprendido frente a nuevas realidades.
En esa línea, Alejandro Weinstein, gerente de la Corporación Educacional de Asimet, advierte que la incorporación de nuevas tecnologías no reemplaza la necesidad de comprender en profundidad los procesos sobre los que estas operan. Lo compara con el uso de una calculadora en matemáticas: permite realizar cálculos en segundos, pero para utilizarla correctamente es indispensable saber qué números y operaciones ingresar. De la misma manera, la inteligencia artificial y la automatización funcionan sobre máquinas y procesos que los técnicos deben conocer y comprender. Por ello, sostiene que quienes logren especializarse en sus áreas y dominar estas nuevas herramientas serán más valorados. “Serán especialmente relevantes habilidades como la capacidad de adaptarse al cambio y aprender a aprender. Son tantos los cambios que están ocurriendo y los que vienen, que los técnicos tendrán que asumir que harán cosas que hoy todavía no saben hacer y, por lo tanto, deberán seguir aprendiendo siempre”, señala.
"Todas las nuevas tecnologías van a requerir la complementariedad de los conocimientos. Más que nunca se necesitarán equipos multidisciplinarios para resolver problemas complejos. Los problemas simples los resolverá la IA”. -Alejandro Weinstein.
De hecho, de acuerdo con la directora del Liceo Bicentenario de Excelencia Agrícola Tecnológico Werner Grob, “en nuestra experiencia, esto significa pasar de una formación centrada exclusivamente en la ejecución de procedimientos a experiencias en las que los estudiantes tengan que investigar, tomar decisiones, equivocarse, argumentar, crear soluciones y trabajar con otros. El aprendizaje basado en proyectos y los desafíos interdisciplinarios son especialmente relevantes en este sentido”.
Niklitschek señala que la dimensión socioemocional también es fundamental: “Perseverancia, responsabilidad, empatía, autorregulación y capacidad para recibir y utilizar la retroalimentación son habilidades que inciden directamente en la empleabilidad y en la capacidad de construir relaciones laborales saludables”. De hecho, los estudiantes TP deben aprender a utilizar la inteligencia artificial como una herramienta y no como un sustituto de su propio pensamiento. Necesitamos avanzar desde el temor a la tecnología hacia una alfabetización tecnológica crítica.
Esto implica que los alumnos sepan utilizar herramientas de IA para buscar y organizar información, generar ideas, analizar datos, optimizar procesos, crear contenidos y resolver problemas propios de su especialidad. Pero, al mismo tiempo, deben aprender a formular buenas preguntas, verificar la información, identificar errores, reconocer sesgos y comprender que una respuesta generada por IA no necesariamente es correcta. “En definitiva, no se trata de enseñar solamente a usar una herramienta específica, porque probablemente esas herramientas cambiarán rápidamente. Se trata de desarrollar la capacidad de comprender, evaluar y utilizar críticamente las nuevas tecnologías”.
Para Carolina Quintas, la tecnología surge de la acción humana y es diseñada para responder a las necesidades y desafíos del mundo actual. Las habilidades socioemocionales, en tanto, adquieren especial relevancia frente a la automatización, ya que permiten interpretar información, tomar decisiones y resolver problemas con criterio según cada contexto. sostiene Quintas.
A juicio de la directora del Colegio Bicentenario Aprender, los estudiantes deben aprender a utilizar la IA como una herramienta que complemente y potencie sus capacidades. En este ámbito, subraya, la ética resulta fundamental para asegurar que estas tecnologías estén al servicio del bien común y no reemplacen el valor antropológico.
Por su parte, Paulina Moreno pone el foco en la necesidad de que los estudiantes aprendan a utilizar la inteligencia artificial como una herramienta que complemente y potencie su trabajo, y no simplemente como una tecnología que entrega respuestas fáciles. Esto supone desarrollar la capacidad de formular buenas preguntas, analizar y verificar la información, automatizar determinadas tareas e identificar aquellas aplicaciones de la IA que resultan pertinentes para cada especialidad.
Esa formación debe incorporar también una mirada crítica y responsable sobre la tecnología. Aspectos como la ética, la privacidad de los datos y la importancia del criterio antropológico no pueden quedar fuera del aprendizaje. “Lo principal será saber cuándo, cómo y para qué utilizar la IA responsablemente”, señala.
Mundo del trabajo
En relación con la preparación de los jóvenes para un mercado laboral en permanente transformación, Paulina Moreno plantea que la formación no puede centrarse únicamente en la adquisición de conocimientos, sino que debe también enseñar a aprender haciendo. De esta manera, los estudiantes pueden desarrollar autonomía y proactividad, aprender a actualizar sus conocimientos y adquirir herramientas para enfrentar nuevos desafíos.
Esto implica, además, comprender que la formación no termina al egresar de cuarto medio. A lo largo de sus trayectorias laborales, probablemente deberán capacitarse, certificarse, especializarse e incluso reconvertirse laboralmente en distintas oportunidades. Por ello, Moreno destaca la importancia de fortalecer la articulación con la educación superior, la formación continua, las certificaciones y el mundo productivo.
Este desafío también exige cambios en la manera en que se organiza la formación TP. Moreno señala que, a partir de lo que han recogido desde los propios liceos, existe la necesidad de contar con currículos más flexibles y capaces de mantenerse conectados con las transformaciones de los sectores productivos. Al mismo tiempo, las metodologías deberían avanzar hacia experiencias más prácticas y vinculadas con problemas reales, incorporando aprendizaje basado en proyectos, desafíos, simulaciones y trabajo colaborativo.
La relación con las empresas es otro aspecto que, a su juicio, debe fortalecerse. Esta vinculación no puede limitarse a recibir estudiantes en práctica –que considera “la guinda de la torta”–, sino que las empresas deben participar activamente en el proceso formativo, aportando conocimientos sobre nuevas tecnologías, colaborando en la actualización de los docentes y generando visitas técnicas, proyectos conjuntos y experiencias de alternancia. En este proceso, Moreno destaca también la importancia del maestro guía como primer referente del estudiante en el mundo laboral. De ahí que una vinculación permanente entre los establecimientos, las empresas y la educación superior resulte clave para que la formación TP sea pertinente en los distintos territorios.
Experiencias de aprendizaje
Para avanzar en esa dirección, Niklitschek plantea que no basta con incorporar nuevos contenidos al currículum. La pregunta, sostiene, debe centrarse también en qué experiencias de aprendizaje se están ofreciendo a los estudiantes. Esto exige avanzar hacia una formación TP más contextualizada, interdisciplinaria y vinculada con problemas reales, que incorpore con mayor fuerza la sustentabilidad, la innovación, la valoración del territorio y la identidad local. “El territorio debe convertirse en un verdadero espacio de aprendizaje”, señala. Para ello, propone fortalecer metodologías como el aprendizaje basado en proyectos, los desafíos interdisciplinarios, la resolución de problemas y las experiencias prácticas en las que los estudiantes deban movilizar distintos saberes para responder a situaciones concretas.
Pero este desafío no depende únicamente de los establecimientos. Niklitschek enfatiza que el compromiso de las empresas con la educación TP no puede terminar en recibir estudiantes en práctica. A su juicio, el mundo empresarial debe involucrarse activamente en la formación de los futuros trabajadores, dialogando con los establecimientos, compartiendo sus necesidades, aportando experiencias, abriendo nuevos espacios de aprendizaje y anticipando conjuntamente los cambios que vienen.
Prioridades para los colegios
Al proyectar cómo debería prepararse hoy un establecimiento TP para los próximos diez años, Carolina Niklitschek identifica tres prioridades. La primera es formar para aprender y adaptarse, desarrollando estudiantes flexibles, autónomos, con pensamiento crítico y capaces de enfrentar escenarios de cambio. “La meta no es que egresen sabiendo todas las respuestas, sino que sepan cómo encontrar nuevas respuestas”, explica.
La segunda es integrar la tecnología, la innovación y las habilidades del siglo XXI en la formación técnica. Para Niklitschek, la alfabetización digital, la inteligencia artificial, la resolución de problemas, la creatividad, la comunicación y el trabajo colaborativo deben incorporarse en todas las especialidades, no como contenidos aislados, sino como herramientas que los estudiantes puedan movilizar para enfrentar problemas reales. Además, plantea la necesidad de fortalecer el vínculo de la formación TP con el territorio y el mundo productivo.
De hecho, Paulina Moreno identifica tres prioridades para que los establecimientos TP preparen a sus estudiantes frente a los desafíos de los próximos diez años. La primera es fortalecer transversalmente las competencias digitales, tecnológicas y de inteligencia artificial en todas las especialidades, evitando abordarlas como contenidos aislados y promoviendo siempre un uso responsable y ético de estas herramientas. La segunda es avanzar hacia una formación que otorgue la misma importancia a las competencias técnicas y a las habilidades del siglo XXI. Como tercera prioridad, plantea profundizar la vinculación con el sector productivo y la educación superior, generando experiencias formativas reales, oportunidades de actualización tecnológica permanente y trayectorias que permitan a los jóvenes continuar aprendiendo una vez que hayan egresado.

Alejandro Weinstein también propone entregar a los alumnos formación en una técnica o tecnología de punta específica, que les permita contar con conocimientos especializados y pertinentes para su área. También fortalecer la filosofía, una disciplina que, a su juicio, hoy ocupa un lugar secundario en los liceos, pero que resulta especialmente relevante para la formación de los jóvenes. Finalmente destaca la importancia del trabajo en equipo, una capacidad que debe desarrollarse desde distintos espacios, como el deporte, el trabajo en las especialidades, el Aprendizaje Basado en Proyectos y el Aprendizaje y Servicio. Esta última competencia adquirirá todavía más importancia con el avance tecnológico. “Todas las nuevas tecnologías van a requerir la complementariedad de los conocimientos. Más que nunca se necesitarán equipos multidisciplinarios para resolver problemas complejos. Los problemas simples los resolverá la IA”, concluye.
Revisa nuestro contenido en todas las plataformas desde un teléfono hasta nuestra revista en papel.
Deja un comentario