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Regístrate y accede a la revistaDos Liceos Bicentenario muestran cómo el acompañamiento, el compromiso de la comunidad educativa y las altas expectativas ayudan a que los estudiantes confíen en sus capacidades y proyecten su futuro.
Una de las bases del modelo de los Liceos Bicentenario es mantener altas expectativas sobre todos sus estudiantes. Esto implica partir de la convicción de que cada uno posee el potencial necesario para alcanzar el éxito académico y personal, independientemente de sus condiciones socioeconómicas o de su historia académica.
En el Liceo Bicentenario Santa María de Las Condes y el Liceo Bicentenario Paulo Freire de Quellón, esta convicción se ha transformado en un trabajo que involucra a directivos, profesores, asistentes de la educación y familias, y que busca que sean los propios estudiantes quienes reconozcan sus capacidades y se atrevan a plantearse nuevas metas.
Creer que todos pueden aprender
Para Sergio Miño, director del Liceo Bicentenario Santa María de Las Condes, el punto de partida es sencillo pero fundamental: “Todos los estudiantes pueden aprender”, sin importar su condición social, cultural o económica, e incluso si presentan necesidades educativas especiales.
La tarea, explica, es conseguir que niños, niñas y adolescentes también se convenzan de sus propias capacidades. “Los estudiantes tienen que confiar en sus capacidades, les transmitimos que tienen que cumplir sus metas con esfuerzo, constancia y, por sobre todas las cosas, con perseverancia”, sostiene.
En Quellón, Antonio Silva, director del Liceo Bicentenario Paulo Freire, define las expectativas como “el combustible” que permite crear un ambiente propicio para el aprendizaje. “Con eso, estamos creando las condiciones necesarias para que los estudiantes se entusiasmen en sus aprendizajes y vean un futuro cercano”, indica.
En ambos casos, las altas expectativas no recaen únicamente en los profesores. Los directores coinciden en que se trata de una tarea que debe involucrar a toda la comunidad educativa y también a las familias.
De las expectativas a acciones concretas
¿Cómo conseguir que un estudiante realmente crea que puede alcanzar sus metas? En el Liceo Bicentenario Santa María de Las Condes, una de las claves ha estado en la forma en que los adultos se relacionan y comunican con los alumnos. Miño destaca el lenguaje utilizado por profesores y asistentes de la educación y su efecto sobre la autoestima de los estudiantes. “Los juicios positivos por sobre los negativos han hecho la gran diferencia en nuestro colegio”, sostiene.
Este trabajo se desarrolla también durante las horas de orientación y consejos de curso, con un rol importante de los profesores jefes. A ello se suma el análisis de datos académicos: el establecimiento muestra a sus estudiantes la evolución de sus resultados en mediciones como PAES y Simce, comparándolos año a año para que puedan reconocer sus propios avances.
En el Liceo Bicentenario Paulo Freire, en tanto, una de las principales estrategias consiste en acercar las metas a experiencias concretas. El establecimiento organiza visitas a universidades de la región, donde los alumnos pueden conocer directamente cómo es estudiar en la educación superior y conversar con quienes forman parte de ella.
También recurren a exalumnos que regresan al liceo para contar sus experiencias y mostrar, desde una realidad cercana, los caminos que siguieron después de egresar.
“Les hacemos saber con ejemplos concretos que todo es posible”, explica Silva. Este trabajo se realiza en coordinación con las familias y forma parte de un plan anual que es revisado para buscar nuevas formas de acercar posibilidades a los estudiantes.
El trabajo también se refleja directamente en la sala de clases. En Santa María de Las Condes, una de las estrategias es reforzar y nivelar contenidos para evitar que algún alumno quede atrás. “Tratamos de construir sobre roca y no sobre arena”, explica Miño. La idea es que los estudiantes comprendan que pueden alcanzar sus metas aunque no todos aprendan con la misma rapidez.
A esto se suma la construcción de un vínculo cercano entre estudiantes, docentes, asistentes y equipo directivo. El director lo relaciona con el llamado “efecto Pigmalión en el aula” (fenómeno psicológico en el que las expectativas que una persona tiene sobre otra influyen de manera directa en su rendimiento). Según explica, al recibir un buen trato, el estudiante gana seguridad y aumenta su esfuerzo en clases.
En el Liceo Paulo Freire, este mensaje se trabaja de manera transversal. Silva señala que involucra a todas las asignaturas, niveles y profesores. La idea de que “es posible” se transmite constantemente.
"Los estudiantes tienen que confiar en sus capacidades; les transmitimos que tienen que cumplir sus metas con esfuerzo, constancia y, por sobre todas las cosas, con perseverancia”. -Sergio Miño.
Nuevas posibilidades
Los directores también identifican cambios concretos a partir de este trabajo. En Santa María de Las Condes, Miño destaca los resultados académicos obtenidos por el establecimiento, que lo han situado entre los colegios públicos con buenos desempeños en PAES y Simce y entre los Liceos Bicentenario destacados del país.
Estos resultados, además, se comunican activamente a la comunidad a través de reuniones de apoderados, consejos escolares y cuentas públicas, con el objetivo de que los propios estudiantes y sus familias conozcan los logros alcanzados.
En Quellón, Silva observa un cambio especialmente en el interés de los jóvenes por su futuro. Los estudiantes, señala, están más atentos a los procesos de ingreso a la educación superior, las becas y los distintos trámites que deben realizar para continuar sus estudios.
“Preguntan mucho más, se nota interés y que hay ganas”, resume el director.
"Las altas expectativas son el combustible que genera un ambiente propicio para el aprendizaje y crea las condiciones necesarias para que los estudiantes se entusiasmen con sus aprendizajes y vean un futuro cercano”. -Antonio Silva.

Acto en Liceo Bicentenario Santa María de Las Condes.
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