Suscríbete a nuestra revista y podrás leer el contenido exclusivo online
Regístrate y accede a la revistaA partir de su nuevo libro, “Paz y No Violencia. Reflexiones y prácticas para gestionar el conflicto”, Neva Milicic y Luz María Edwards conversaron con Educar Conectados sobre el desafío de construir una cultura de paz en las comunidades educativas, fortaleciendo el diálogo, la reflexión y la formación socioemocional.
La paz no consiste únicamente en evitar la violencia. También supone aprender a enfrentar los conflictos, reconocer las propias emociones, escuchar al otro y desarrollar formas de convivencia basadas en el respeto. Esa es una de las principales reflexiones que plantean Neva Milicic y Luz María Edwards, autoras de Paz y no violencia. Reflexiones y prácticas para gestionar el conflicto, publicado por Ediciones El Mercurio.
En conversación con el podcast Educar Conectados, de Grupo Educar, ambas autoras abordaron el origen del libro y entregaron orientaciones para que profesores, familias y comunidades educativas puedan generar espacios que contribuyan a una verdadera cultura de paz.
Una idea que nació hace casi tres décadas
El proyecto comenzó a gestarse hace años, a partir del interés común de sus autoras por la educación para la paz. Milicic recordó que el tema estuvo presente en distintos espacios en los que ambas coincidieron y que incluso llegaron a comenzar un libro que quedó inconcluso.
El contexto de los últimos años las llevó a retomarlo. La violencia escolar, las consecuencias de la pandemia, el estallido social y los conflictos que se viven en distintas partes del mundo reforzaron, según explicaron, la necesidad de volver a hablar de la paz y transmitir a niños y jóvenes que es posible enfrentar las diferencias sin dañar a otros.
“Tenemos derecho a enojarnos, tenemos diferencias, pero sí tenemos que tener muy claro que lo que hacemos con nuestro enojo es muy significativo y no nos podemos permitir el lujo de hacer cosas que dañen a otros”, explicó Milicic.
Herramientas concretas para profesores y familias
Uno de los propósitos del libro es entregar herramientas que puedan utilizarse directamente con adolescentes. Edwards señaló que, desde su experiencia, existe una necesidad de fortalecer la preparación de los docentes para enfrentar los conflictos que aparecen en las comunidades educativas.
Por ello, el texto combina casos, cuentos y situaciones cercanas con conceptos y actividades de autoobservación. Sus capítulos son breves y pueden trabajarse en clases, en espacios de orientación o incluso en conversaciones familiares.
Para Edwards, educar para la paz comienza también por el ejemplo de los adultos. “Tiene que ver con modelar los adultos que educan, modelar conductas, comportamientos y lenguajes y, además, generar espacios de encuentro y fortalecer el lenguaje, porque cuando tú nombras lo que te pasa y sabes nombrar lo que te pasa, te haces más capaz de gestionarlo”.
Conversar y reflexionar
Las autoras ponen especial énfasis en recuperar los espacios de conversación cara a cara. Frente a una realidad donde niños y jóvenes pasan una parte importante de sus relaciones en entornos digitales, consideran necesario crear instancias en las que puedan escuchar, observar al otro y reflexionar sobre las consecuencias de sus acciones.
Milicic destacó, además, que la formación socioemocional comienza por la relación que cada persona mantiene consigo misma. “El primer paso de la paz es la paz con uno mismo”, señaló.
Desde esa perspectiva, prácticas de reflexión, lectura y conversación pueden contribuir a que los estudiantes comprendan mejor sus emociones y desarrollen herramientas para relacionarse con los demás.
De una lógica punitiva a una mirada formativa
Otro de los temas abordados fue el papel de las familias y de las comunidades escolares. Edwards planteó la importancia de construir un discurso compartido entre escuela y hogar en torno a valores esenciales.
A su juicio, actualmente existe una tendencia a responder a los problemas de convivencia principalmente mediante medidas punitivas, mientras la dimensión formativa puede quedar relegada.
En ese sentido, propuso que las normas escolares no se presenten únicamente como obligaciones acompañadas de sanciones, sino que se explique el valor que buscan proteger. Llegar puntualmente, por ejemplo, puede abordarse desde sus efectos sobre los demás y sobre el funcionamiento de una clase.
“Es fundamental que la conversación nutritiva tenga prioridad sobre la burocracia”, afirmó Edwards, quien también invitó a los profesores a detener una clase cuando detecten un conflicto que necesita ser abordado.
Poner la paz en el centro
Para Milicic, una manera concreta de avanzar es dar mayor presencia a la paz dentro de la vida escolar mediante actividades, lecturas, música, películas, escritura, poesía y arte. La idea no es desconocer los conflictos ni las injusticias, sino aprender a enfrentarlos desde una perspectiva distinta.
“Hablar contra la violencia no nos ha servido. Llevamos diez años hablando contra la violencia. A ver si ahora que empezamos a hablar de la paz, mejor nos vamos con la paz”, señaló.
La propuesta de las autoras apunta, finalmente, a que la paz deje de entenderse como un concepto abstracto y se transforme en una experiencia que pueda aprenderse y practicarse cotidianamente en las comunidades educativas. Para ello, sostienen, se necesitan adultos capaces de modelarla, espacios para conversar y reflexionar, y escuelas que otorguen a la formación y a la convivencia un lugar central dentro de su tarea educativa.
Revisa nuestro contenido en todas las plataformas desde un teléfono hasta nuestra revista en papel.
Deja un comentario