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Ago 2026 - Edición 305

Humanizar la educación

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León XIV: educación y tecnología al servicio de la persona

El 8 de mayo de 2025, León XIV se convirtió en el Papa número 267 de la historia. Por primera vez asumía un pontífice agustino, y el primero también en haber nacido en Estados Unidos. Gran parte de su vida pastoral transcurrió en Perú, donde se desempeñó como misionero, párroco, formador de seminaristas y profesor. Aquí conocemos un poco más de su historia.

Por: Francisca Icaza.
León XIV: educación y tecnología al servicio de la persona

Robert Francis Prevost nació en Chicago el 14 de septiembre de 1955, en una familia estrechamente vinculada a la educación: su padre fue profesor y director de escuela y su madre trabajó como bibliotecaria escolar. Estudió matemáticas en la Universidad de Villanova y posteriormente ingresó a la Orden de San Agustín. Fue ordenado sacerdote en 1982 y obtuvo un doctorado en Derecho Canónico en Roma.

Tiene una relación con Chile, país que visitó en 2003 para recorrer diversas comunidades agustinas, incluyendo su paso por el Colegio San Agustín en Ñuñoa. Conversamos con Cristián Hodge, secretario académico del Instituto de Éticas Aplicadas de la Universidad Católica de Chile, doctor de la Pontificia Universidad Católica y con un postdoctorado en teología moral por la Academia Pontificia Alfonsiana de Roma, quien nos ayudó a construir un perfil sobre quién es el Papa León XIV.

-¿Cómo describiría la personalidad del Papa León XIV? ¿Qué rasgos cree que lo distinguen de otros pontífices?

-Los que conocen al Papa en sus anteriores servicios lo describen como una persona que sabe estar en silencio y escuchar a los demás. Saber escuchar y guardar silencio parece una cualidad muy importante en un líder en la actualidad. No es un líder de masas, ruidoso, sino un hombre de escucha atenta, de diálogo reposado y de una profunda agudeza intelectual. 

-¿Qué aspectos de su historia personal o formación cree que han marcado su liderazgo?

-Seguramente, el primer lugar es su perfil misionero —sus años en Perú—. También la universalidad, al haber sido superior mundial de los agustinos. Y también su formación intelectual en matemáticas y en derecho canónico lo han preparado para el liderazgo más silencioso, “quitado de bulla”, como diríamos en Chile. 

La historia de los Papas muestra que, cada uno, con su personalidad, ha sido providencial en los contextos históricos. Qué distintos fueron el Papa Juan XXIII y el Papa Pablo VI, pero ambos guiaron en su estilo el Concilio Vaticano II. Qué distintos fueron los Papas Juan Pablo II y Benedicto XVI, pero ambos lideraron a la Iglesia en momentos tan importantes de fines del siglo XX e inicios del siglo XXI. Y qué distintos los Papas Francisco y el actual Papa León XIV.

-¿Cuáles son las principales prioridades de su pontificado?

-Se me ocurren dos. Al comentar que se puso su nombre por León XIII, dijo que con la 4ª revolución industrial una preocupación son los trabajadores, especialmente ante el desafío de las nuevas tecnologías, incluida la IA. Como primer Papa que enfrenta de lleno la madurez de la inteligencia artificial, su prioridad es asegurar que la tecnología esté al servicio de la persona y no al revés, salvaguardando la dignidad humana.

La otra prioridad es la promoción de la paz. Es una de las misiones del pontificado, pero las circunstancias actuales hacen que sea una prioridad aún más sentida. Por eso dedica un capítulo, el quinto de la Magnifica Humanitas, al tema de la guerra y de la construcción de la civilización del amor.

-¿Qué mensaje cree que busca transmitir a los jóvenes, a las familias y a quienes hoy se sienten alejados de la Iglesia?

-En la Carta Apostólica Diseñar nuevos mapas de esperanza, el Papa León XIV busca presentar a la Iglesia no como una institución cerrada, sino como una “constelación educativa” que construye puentes y ofrece un sentido de pertenencia en un mundo fragmentado. Allí escribe que “Educar es una tarea de amor que se transmite de generación en generación, remendando el tejido desgarrado de las relaciones y devolviendo a las palabras el peso de la promesa: ‘Todo ser humano es capaz de la verdad, sin embargo, el camino es mucho más soportable cuando se avanza con la ayuda de los demás’”.

"La escuela es el lugar donde las nuevas generaciones pueden aprender a buscar y amar la verdad, a cuestionarse el sentido de la vida y la dignidad de cada persona”. -Papa León XIV.

-El Papa ha presentado la educación como una tarea de esperanza y no solo como una transmisión de conocimientos. ¿Qué significa esta mirada y qué desafíos plantea para las escuelas y los educadores?

-Lo que me impresiona es la hiperinflación de contenidos y de información a los que todos estamos expuestos. Para la educación es muy relevante la transmisión de conocimientos y de experiencias, no solo de información. La educación debería formar en el pensamiento crítico. 

El Papa León escribe en Magnifica Humanitas número 143 sobre el rol de la escuela: “La escuela es el lugar donde las nuevas generaciones pueden aprender a buscar y amar la verdad, a cuestionarse el sentido de la vida y la dignidad de cada persona. Por eso, muchos padres de familia, que desean que sus hijos crezcan siendo capaces de relacionarse, de pensar con espíritu crítico y de tener valores sólidos, depositan en ella grandes esperanzas, como una valiosa aliada en la educación de sus hijos”.

"Como primer Papa que enfrenta de lleno la madurez de la inteligencia artificial, su prioridad es asegurar que la tecnología esté al servicio de la persona y no al revés, salvaguardando la dignidad humana”. -Cristián Hogde.

En esta encíclica entrega criterios para el discernimiento personal y comunitario ante el desafío de la IA. La verdadera educación ocurre en la relación pedagógica. La empatía, el abrazo, la corrección fraterna y el trabajo comunitario son dimensiones que ninguna pantalla podrá emular. La tecnología debe ser una herramienta de mediación, nunca un sustituto del encuentro humano.

Quisiera terminar citando el número 12 de la Magnifica Humanitas, donde el Papa León reflexiona sobre la fragilidad humana, parte de nuestra humanidad, y cómo desde ella vivir esta era digital: “Edificar en el bien significa aceptar los límites y la fragilidad de la humanidad sin considerarlos un error que haya que corregir. Hoy en día, el deseo de plenitud del ser humano corre el riesgo de desviarse hacia metas engañosas: la ilusión de una tecnología que promete liberarnos de toda fragilidad o modelos de bienestar que “dejan atrás” a pueblos enteros. No es raro que pongamos nuestra esperanza en un potencial ilimitado, en formas de progreso que pueden agudizar las desigualdades, en soluciones inmediatas incapaces de sanar las heridas de los pueblos. Así, mientras algunos persiguen la quimera de una autoafirmación ilimitada, muchos carecen de lo necesario. La Iglesia recuerda, con voz humilde pero firme, que la verdadera realización no nace de la eliminación de las fragilidades, sino de un crecimiento armonioso [de nuestra magnífica humanidad]”.

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