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Regístrate y accede a la revistaEn Catemu y Alto Hospicio, dos establecimientos técnico-profesionales muestran cómo el vínculo con el entorno, el mundo productivo y la formación humana puede abrir nuevas oportunidades para sus estudiantes.
En los predios agrícolas de Catemu, los estudiantes aprenden observando la tierra, trabajando en viñedos, participando en talleres y enfrentando las exigencias concretas del mundo agropecuario. A más de 1.600 kilómetros, en Alto Hospicio, otros jóvenes miran su entorno urbano, multicultural y productivo como parte de su proceso formativo. Aunque las realidades son distintas, ambas experiencias tienen un punto en común. La educación técnico-profesional aparece ligada al territorio y a las oportunidades que puede abrir para sus comunidades.
En un contexto marcado por la inteligencia artificial, la automatización y los cambios en el mundo laboral, la formación TP enfrenta nuevas preguntas. Las especialidades deben actualizarse, los estudiantes necesitan herramientas tecnológicas y los establecimientos buscan responder a las demandas de los sectores productivos. Sin embargo, en la Escuela Agrícola Salesiana Fundación Huidobro, en Catemu, y en Rupanic School, en Alto Hospicio, esa preparación también se sostiene en habilidades humanas como la responsabilidad, el pensamiento crítico, la colaboración y el compromiso comunitario.
El campo como espacio de aprendizaje
En la Escuela Agrícola Salesiana Fundación Huidobro, la formación ocurre dentro y fuera de la sala de clases. Los talleres, predios agrícolas, viñedos, la granja educativa y las prácticas profesionales son parte de una experiencia que vincula a los estudiantes con el trabajo agropecuario desde etapas tempranas.
Una de las principales prácticas del establecimiento es el Consejo Asesor para el Desarrollo Educativo Técnico Profesional, CADE TP, instancia que articula a la escuela con empresas agrícolas y actores del mundo productivo. A través de este espacio se generan visitas técnicas, certificaciones, prácticas profesionales, proyectos colaborativos y procesos de actualización curricular.
Para Nataly Araya, rectora del establecimiento, esta articulación permite que la formación responda a las necesidades actuales del sector agropecuario y mantenga vivo el sello salesiano. La experiencia “busca desarrollar técnicos competentes, comprometidos con su entorno, capaces de integrar conocimientos, valores y responsabilidad social en su futuro desempeño laboral”.
El trabajo con empresas y actores del sector no se entiende únicamente como una vía para mejorar la empleabilidad. También permite que los estudiantes conozcan de cerca los desafíos del agro, sus ritmos, exigencias y transformaciones. Allí se forman hábitos de trabajo, responsabilidad, cuidado de la creación, respeto por la vida, solidaridad y compromiso con la comunidad.
La tecnología también ha comenzado a modificar el mundo agrícola. Nuevas herramientas, procesos automatizados y soluciones digitales exigen técnicos preparados para aprender durante toda la vida. Frente a ese escenario, Araya subraya que “las habilidades humanas seguirán siendo el principal valor diferenciador de nuestros estudiantes”. Entre ellas menciona el pensamiento crítico, la resolución de problemas, la adaptabilidad, el trabajo colaborativo, la comunicación efectiva, el liderazgo, la creatividad y la toma de decisiones éticas.

Campeonato del Palin del Rupanic School, juego originario araucano, dentro del contexto de la celebración del wilka kuti.
En Catemu, la formación técnica se cruza con una mirada humana y espiritual propia del carisma salesiano. La rectora explica que cada experiencia busca formar jóvenes capaces de desempeñarse “con ética, liderazgo y espíritu de servicio en el mundo laboral y en la sociedad”.
Alto Hospicio como punto de partida
En Rupanic School, la experiencia se construye desde otro paisaje. Alto Hospicio es una comuna de rápido crecimiento urbano, con una comunidad escolar diversa y desafíos sociales importantes. En ese contexto, la educación técnico-profesional cumple un rol especialmente relevante para ampliar trayectorias, fortalecer la continuidad de estudios y acercar a los jóvenes al mundo laboral.
El establecimiento ha desarrollado un enfoque territorial y comunitario basado en el aprendizaje situado. Esto significa que la Región de Tarapacá, sus desafíos productivos, tecnológicos, culturales y sociales, se incorporan al proceso educativo. El entorno deja de ser solo el lugar donde viven los estudiantes y se convierte en parte activa de su formación.
Henry Ábalos, director de Rupanic School, explica que el colegio busca que al finalizar su trayectoria el estudiante sea “una

Desfile del Colegio Rupanic School, en honor a las glorias navales en la comuna de Alto Hospicio, 2026.
persona comprometida con su entorno, capaz de aportar positivamente a su comunidad y de gestionar su propio aprendizaje con autonomía”.
En la práctica, esto se traduce en metodologías activas, uso de tecnologías de la información y experiencias que promueven el análisis crítico de la realidad local. Los estudiantes trabajan desde problemas concretos de su comunidad y desarrollan competencias técnicas y socioemocionales orientadas al mundo industrial, tecnológico y de servicios de la zona.
La interculturalidad también forma parte del sello del colegio. La presencia de familias de distintas procedencias culturales ha llevado a Rupanic School a promover el respeto por la diversidad como una riqueza para la convivencia y el aprendizaje. En un mundo laboral cada vez más diverso, esa experiencia cotidiana se transforma en una preparación relevante para la vida adulta.

Trabajos de hidroponía y aeroponía para estudiantes de 3ero y 4to medio de la Escuela Agrícola Salesiana Fundación Huidobro.
Para Ábalos, la educación técnico-profesional en Alto Hospicio actúa como un motor de movilidad social. Desde su mirada, permite que los estudiantes transformen “su potencial individual en un aporte positivo para el desarrollo económico y social de su comunidad”.
En Catemu y Alto Hospicio, la educación TP se vive desde lugares distintos, pero con una preocupación compartida. Que los jóvenes aprendan una especialidad, sí, pero también que desarrollen herramientas para comprender su entorno, trabajar con otros y proyectar un futuro posible. En ambos casos, el territorio no aparece como telón de fondo, sino como parte del aprendizaje. Desde ahí, la formación técnica se vuelve más cercana, más pertinente y más conectada con las personas que serán parte de ese futuro.
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Indicadores de las experiencias destacadas
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|---|---|---|
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Indicador |
Escuela Agrícola Salesiana Fundación Huidobro, Catemu |
Rupanic School, Alto Hospicio |
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Asistencia promedio |
93% de asistencia general anual |
90% a junio de 2026 |
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Resultados SIMCE |
Lectura: 249 puntos Matemáticas: 285 puntos |
Promedio: 240 puntos |
|
PAES |
No informado |
No aplica |
|
Titulación TP |
95,8% promedio en la especialidad Agropecuaria |
80% |
|
Empleabilidad |
87% de empleabilidad de egresados |
90% |
|
Continuidad de estudios |
90% en educación superior |
45% |
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