Encuenta el contenido que necesitas

Ingresa a tu cuenta grupoeducar

Ago 2026 - Edición 305

Humanizar la educación

Suscríbete a nuestra revista y podrás leer el contenido exclusivo online

Regístrate y accede a la revista

Magdalena Aninat: «La principal diferencia de una educación católica es comprender al otro como una persona cuya dignidad es inviolable»

En el marco de los 35 años de la Corporación Educacional del Arzobispado de Santiago (CEAS), su directora ejecutiva reflexiona sobre las claves que han permitido mejorar los aprendizajes en contextos vulnerables, el valor del trabajo en red, la formación del carácter y los desafíos que hoy plantean la inteligencia artificial y la asistencia escolar.

Por: Marcela Paz Muñoz I.
Magdalena Aninat: «La principal diferencia de una educación católica es comprender al otro como una persona cuya dignidad es inviolable»

Con 11 establecimientos educacionales, más de ocho mil estudiantes y 35 años de trayectoria, CEAS se ha consolidado como una red que busca fortalecer el aprendizaje y la formación integral. En esta entrevista, Magdalena Aninat comparte las prácticas que han marcado la diferencia y reflexiona sobre los desafíos actuales de la educación. “La red cumple 35 años, aunque muchos de nuestros colegios son bastante más antiguos. Lo más importante ha sido pasar de colegios que trabajaban de manera aislada a una red que colabora y comparte experiencias. Ese trabajo ha permitido mejorar el SIMCE, fortalecer la lectura en primero básico y aumentar la continuidad de estudios de nuestros egresados”.

-¿Cuál considera que es hoy el principal desafío que enfrenta la educación chilena?

-Creo que uno de los mayores desafíos que enfrentamos hoy es recuperar la asistencia escolar. Después de la pandemia cambió la percepción sobre la importancia de ir todos los días al colegio. De alguna manera, quedó instalada la idea de que un estudiante puede faltar y seguir aprendiendo igual, pero sabemos que eso no es así. Nos ha costado mucho volver a los niveles de asistencia que teníamos antes de la pandemia y recuperar el valor que tiene la presencia cotidiana en la escuela.

Siempre nos hacemos una pregunta muy simple: si los estudiantes no están en clases, ¿dónde están? Y la respuesta muchas veces nos preocupa, porque no están en espacios que favorezcan su aprendizaje o su desarrollo. Muchas veces están frente a una pantalla, en redes sociales o simplemente solos. En cambio, la escuela ofrece algo que ningún otro espacio puede reemplazar: el encuentro con otros, el aprendizaje compartido, el acompañamiento de los profesores y la posibilidad de crecer en comunidad.

Por eso creemos que es fundamental volver a instalar una cultura de la asistencia. La sala de clases sigue siendo el lugar donde realmente se pueden generar oportunidades para aprender, desarrollar habilidades, formar el carácter y construir relaciones significativas. Allí los estudiantes no solo adquieren conocimientos, sino que también aprenden a convivir, resolver conflictos, trabajar colaborativamente y descubrir sus talentos.

-¿Cómo han logrado estos resultados en establecimientos que atienden principalmente a estudiantes de contextos vulnerables?

-Nosotros hacemos educación pública, porque trabajamos con el mismo currículum, los mismos objetivos de aprendizaje y las mismas exigencias que cualquier establecimiento municipal o perteneciente a un Servicio Local de Educación Pública. La diferencia está en que somos una red de colegios con una impronta católica, y creemos que ese sello hace una diferencia muy importante en la manera de comprender la educación.

Para nosotros, educar no consiste solamente en transmitir contenidos o regular conductas. Significa comprender al otro como una persona cuya dignidad es inviolable. Ese principio orienta nuestra forma de relacionarnos con los estudiantes, con las familias y con toda la comunidad educativa. En un contexto donde muchas veces predominan el conflicto, la incertidumbre y el miedo, creemos que la escuela también tiene la misión de reconstruir la confianza y fortalecer los vínculos. Como ha señalado el Papa, necesitamos recordar que somos hijos y no huérfanos, porque desde esa conciencia nace la fraternidad.

Ese sello se expresa también en la manera en que entendemos el aprendizaje. Sabemos que no basta con tener buenos programas o buenos materiales. La evidencia muestra que el profesor es el principal factor que impacta en los aprendizajes y, por eso, ponemos un fuerte énfasis en fortalecer su trabajo dentro de la sala de clases. Nos preocupamos de que exista un vínculo significativo con los estudiantes, de que cada profesor conozca a quienes tiene frente a sí y se interese por lo que realmente están aprendiendo.

"El desafío que plantea la encíclica es aprovechar las oportunidades que ofrece la tecnología, sin perder de vista aquello que hace verdaderamente humana a la educación". - Magdalena Aninat.

-¿Qué prácticas concretas implementan en la sala de clases y qué rol juega el profesor en ese proceso?

-La evidencia es muy clara en mostrar que el principal factor que influye en el aprendizaje de los estudiantes es el profesor. Más allá de los materiales, la infraestructura o la tecnología, es la persona del docente y sus habilidades para enseñar lo que realmente marca la diferencia. Por eso hemos puesto un fuerte énfasis en fortalecer el trabajo pedagógico dentro de la sala de clases.

Trabajamos con una serie de rutinas y prácticas que buscan generar un ambiente propicio para el aprendizaje. Nos interesa que exista rigor académico, pero también que los estudiantes sepan qué se espera de ellos desde que ingresan a la sala. Son acciones muy concretas: cómo recibe el profesor a los estudiantes, desde dónde se ubica para hacer clases, cómo utiliza la voz, cómo conduce las transiciones de una actividad a otra y cómo mantiene la atención del curso. Todo eso forma parte del proceso de enseñanza y no queda al azar.

Muchas de estas prácticas están inspiradas en metodologías como Teach Like a Champion. No creemos que estemos inventando algo completamente nuevo; más bien, hemos sistematizado estrategias que la evidencia ha demostrado que funcionan y las hemos incorporado al trabajo cotidiano de nuestros docentes.

-Además del aprendizaje académico, ustedes ponen un fuerte énfasis en la formación del carácter. ¿Cómo trabajan este aspecto dentro del proyecto educativo?

-Creemos que la educación no puede limitarse únicamente a enseñar matemática, lenguaje o historia. La escuela también tiene la responsabilidad de formar personas. Si bien la familia es el primer espacio formativo, especialmente en los contextos donde nosotros trabajamos la escuela tiene un papel muy relevante y, muchas veces, puede marcar una diferencia importante en la vida de los estudiantes. Por eso, junto con las prácticas pedagógicas que desarrollamos para fortalecer los aprendizajes, contamos con un programa transversal llamado Valores en Acción, cuyo propósito es que las virtudes formen parte de la vida cotidiana de nuestros colegios y no queden reducidas a una clase o a una actividad puntual.

Trabajamos seis valores fundamentales que están presentes en las distintas asignaturas, en orientación, en los recreos y en las actividades de la comunidad educativa. Hablamos de excelencia, honestidad, inclusión y otras virtudes que los estudiantes aprenden a reconocer y llevar a la práctica. No buscamos que sean conceptos abstractos, sino que comprendan qué significan concretamente y cómo pueden vivirlos en su relación con los demás.

Este trabajo tiene un impacto directo en la convivencia escolar. 

-La primera encíclica del Papa León XIV, Magnifica Humanitas, pone en el centro del debate el impacto de la IA y la necesidad de recuperar la formación de la persona. ¿Cómo reciben este llamado desde CEAS?

-La encíclica llega en un momento muy oportuno y la recibimos como un verdadero regalo. Nos parece muy interesante la paradoja que plantea: habla de inteligencia artificial, pero al mismo tiempo nos invita a volver a poner el foco en la humanidad. Nos recuerda que, aunque la tecnología avance a gran velocidad y ofrezca enormes posibilidades, el centro de la educación sigue siendo la persona. Ese llamado conecta profundamente con lo que hacemos como red de colegios. La educación no puede limitarse a incorporar nuevas herramientas; también debe preguntarse cómo formar personas capaces de pensar, discernir, relacionarse con los demás y actuar responsablemente. La inteligencia artificial puede aportar mucho, pero no puede reemplazar el pensamiento crítico, la reflexión ni las relaciones humanas.

Actualmente tenemos 11 establecimientos. Contamos con una escuela que llega hasta octavo básico, dos liceos que comienzan en séptimo y llegan hasta cuarto medio, y ocho colegios que abarcan desde educación parvularia hasta cuarto medio. De esos ocho, dos son técnico-profesionales y los demás son científico-humanistas. Si bien cada establecimiento responde a realidades y necesidades distintas, todos comparten el mismo proyecto educativo y la convicción de que la formación integral de los estudiantes debe estar siempre en el centro.

Deja un comentario

Mantengamos la conversación, búscanos en twitter como @grupoEducar

Ingresa a nuestra comunidad en Facebook y profundicemos el debate.

Créate una cuenta en grupoeducar

Revisa nuestro contenido en todas las plataformas desde un teléfono hasta nuestra revista en papel.