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Regístrate y accede a la revistaEl análisis del indicador "Ambiente de respeto" de los IDPS 2025 evidencia diferencias moderadas entre modalidades educativas y una importante heterogeneidad territorial, aportando nuevas evidencias sobre cómo se construye la convivencia escolar.
El respeto constituye una expresión concreta del reconocimiento de la dignidad humana y una tarea propia de la educación.
El indicador "Ambiente de respeto" de los Indicadores de Desarrollo Personal y Social (IDPS) evalúa cómo perciben estudiantes, docentes y apoderados las relaciones que se desarrollan al interior de la comunidad educativa. Considera aspectos como el trato respetuoso entre sus integrantes, la valoración de la diversidad, la ausencia de discriminación y el cuidado del entorno escolar.
Una dimensión estable del
sistema escolar
Al analizar su evolución entre 2022 y 2025 se observa una alta estabilidad. El promedio nacional disminuye levemente desde 69,8 puntos en 2022 hasta 69,6 puntos en 2025, una variación de apenas 0,2 puntos. El mismo comportamiento se aprecia en ambas modalidades: la Educación Científico-Humanista (HC) pasa de 70,3 a 70,1 puntos, mientras que la Educación Media Técnico-Profesional (TP) disminuye de 68,9 a 68,4 puntos. En consecuencia, los datos no evidencian cambios estructurales durante el período analizado, sino un comportamiento relativamente constante del indicador.
Aunque este ha mostrado un comportamiento estable entre 2023 y 2025, “Ambiente de respeto” continúa situándose como el segundo indicador con menor puntaje de los once que componen los IDPS, lo que refuerza la importancia de analizar los factores que influyen en la calidad de las relaciones al interior de las comunidades educativas.
HC y TP: diferencias moderadas
y persistentes
En 2025, los establecimientos científico-humanistas alcanzan un promedio de 70,1 puntos, mientras que los técnico-profesionales registran 68,4 puntos, equivalente a una diferencia nacional de
1,7 puntos.
Aunque esta brecha se mantiene durante toda la serie, su magnitud es moderada. Más que configurar dos realidades claramente diferenciadas, los resultados muestran que ambas modalidades presentan niveles similares de percepción del respeto, con una ventaja sistemática para los establecimientos HC.
El territorio introduce una mayor diversidad
El análisis regional confirma que el comportamiento del indicador no es uniforme. Las mayores diferencias entre establecimientos HC y TP se observan en Atacama (4,3 puntos), seguida por Magallanes (3,0), Ñuble (2,9), Aysén (2,8) y Antofagasta (2,5). En el extremo opuesto, regiones como Coquimbo (0,4 puntos) y Biobío (0,6 puntos) muestran resultados prácticamente equivalentes entre ambas modalidades, mientras que Valparaíso también presenta una brecha reducida
(1,3 puntos).
Este comportamiento evidencia que la modalidad educativa, por sí sola, no explica las diferencias observadas en el indicador. La heterogeneidad territorial resulta más marcada que la diferencia promedio entre HC y TP.
Incorporar el tamaño del sistema cambia la interpretación
La inclusión del número de establecimientos aporta un elemento adicional para interpretar los resultados.
La Región Metropolitana concentra 1.061 establecimientos, equivalente a más de un tercio del universo analizado, seguida por Valparaíso (388), Biobío (251) y La Araucanía (181). Por ello, pequeñas variaciones en estas regiones tienen una incidencia mayor sobre el promedio nacional.
En contraste, regiones como Aysén (27 establecimientos), Magallanes (32) y Atacama (40) presentan diferencias relativamente amplias entre modalidades, aunque sustentadas en un número considerablemente menor de establecimientos.
Esta distinción permite distinguir entre diferencias de alto impacto sistémico, asociadas a regiones con gran concentración de establecimientos, y diferencias de alta intensidad local, observadas en territorios con menor representación.
El nivel socioeconómico también muestra un comportamiento diferenciado
El análisis por nivel socioeconómico complementa las diferencias observadas entre modalidades y regiones. En los establecimientos de nivel bajo, el indicador alcanza 68,9 puntos en la modalidad Científico-Humanista y 68,4 en la Técnico-Profesional. En el nivel medio, la brecha disminuye (69,3 versus 68,5). Sin embargo, en el nivel medio alto la tendencia cambia: los establecimientos Técnico-Profesionales alcanzan 72,0 puntos, superando a los Científico-Humanistas (69,4).
En conjunto, estos resultados muestran que la relación entre nivel socioeconómico y ambiente de respeto no es uniforme. Si bien los establecimientos HC presentan puntajes superiores en la mayoría de los niveles, la ventaja desaparece e incluso se invierte en el segmento medio alto. Esto sugiere que las diferencias observadas no responden exclusivamente al contexto socioeconómico ni a la modalidad educativa, sino también a las prácticas institucionales desarrolladas por cada comunidad escolar.
"Los datos muestran que el respeto no depende únicamente de la modalidad educativa; la educación del carácter recuerda que se construye en las relaciones que vive cada comunidad escolar." - Silvana Zeballos.
Lo que muestran los datos
Considerados en conjunto, los resultados permiten identificar tres patrones. En primer lugar, el indicador presenta una alta estabilidad entre 2022 y 2025, sin variaciones significativas a nivel nacional. Luego, las diferencias entre HC y TP son persistentes pero moderadas, manteniéndose en torno a dos puntos durante el período analizado.
En tercer lugar, la mayor variabilidad se observa al comparar los resultados entre regiones y niveles socioeconómicos. Mientras algunas regiones presentan diferencias mínimas entre modalidades, otras superan los cuatro puntos. Del mismo modo, el análisis por nivel socioeconómico muestra que las brechas no siguen un comportamiento uniforme: en el nivel medio alto, los establecimientos Técnico-Profesionales alcanzan incluso un puntaje superior al de los Científico-Humanistas.
Finalmente, la evidencia sugiere que el ambiente de respeto no puede explicarse únicamente por la modalidad educativa ni por el contexto socioeconómico de los establecimientos. La heterogeneidad observada entre territorios y grupos socioeconómicos refuerza la idea de que este indicador responde, principalmente, a las prácticas de convivencia que cada comunidad educativa logra desarrollar y sostener en el tiempo.

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