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Abr 2026 - Edición 301

Formación del carácter

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“El bienestar es una condición para aprender, pero es algo que se desarrolla”

Conversamos con Elisa Izquierdo, coordinadora de Formación Integral de la SIP Red de Colegios, quienes trabajan la formación del carácter “como un proceso integral que comienza por los adultos y se proyecta hacia toda la comunidad educativa. A través de un modelo en cascada, los líderes asumen un rol clave como referentes, acompañando a los docentes en la construcción de culturas formativas coherentes”.

Por: Paula Elizalde
“El bienestar es una condición para aprender, pero es algo que se desarrolla”

Cuenta Elisa Izquierdo, coordinadora de Formación Integral de la SIP Red de Colegios, que han desarrollado un plan para trabajar la formación del carácter de los alumnos. De hecho, “cada inicio de año, los equipos directivos lideran jornadas centradas en los 'Pilares SIP' –orden, respeto, prudencia, justicia y fortaleza–, donde estas virtudes no solo se abordan conceptualmente, sino que se viven en primera persona". A partir de ahí, cada colegio define rutinas de cultura escolar y promueve un lenguaje común de valores que se instala en la vida cotidiana.

Este trabajo no es estático, señala. “Durante el año, las comunidades educativas sostienen espacios periódicos de reflexión, donde revisan sus prácticas, analizan evidencia y ajustan sus acuerdos. Lo mismo ocurre con los estudiantes, quienes participan en instancias sistemáticas que buscan desarrollar el carácter desde la experiencia y la reflexión”.

-¿Cuál es el foco del programa o líneas de acción que desarrollan?

-El eje del trabajo es el Proyecto Educativo Institucional, que se expresa en estos cinco pilares que han acompañado a la SIP por 170 años: orden, respeto, prudencia, justicia y fortaleza. Lejos de ser conceptos abstractos, hoy se traducen en prácticas concretas que dialogan con los desafíos actuales de las comunidades escolares. En los últimos años, este enfoque se ha fortalecido incorporando una mirada socioemocional. La convicción es clara: el desarrollo de habilidades como la conciencia y regulación emocional no solo acompaña, sino que potencia la formación del carácter.

-¿Qué resultados concretos se han visto en este tiempo de desarrollo del programa?

-En los últimos años se observan avances significativos en convivencia escolar y desarrollo socioemocional, consolidando un enfoque cada vez más preventivo y coherente con nuestro Proyecto Educativo Institucional. Durante 2025, la totalidad de los colegios se ubicó en niveles de clima escolar neutro o positivo, y más del 80% mejoró sus resultados respecto de 2023. A su vez, la gran mayoría mostró una evolución favorable en aprendizaje socioemocional.

Más allá de las cifras, estos resultados reflejan un cambio cultural: equipos más fortalecidos, procesos más claros y una comunidad que actúa de manera cada vez más coherente con su proyecto educativo.

-¿Por qué es importante la educación del carácter en el contexto escolar?

-Porque educar no es solo transmitir conocimientos, sino formar personas. La educación del carácter permite que los estudiantes aprendan, pero que también desarrollen criterios para actuar, convivir y proyectarse. Al mismo tiempo, interpela a los adultos. Cuando los equipos directivos y docentes asumen este desafío, se generan culturas de trabajo más sólidas, relaciones más respetuosas y entornos que favorecen tanto el bienestar como el aprendizaje profundo.

-¿Qué características del carácter influyen en el bienestar escolar?

-En contextos marcados por la inmediatez y la incertidumbre, el desarrollo del carácter se vuelve una herramienta profundamente preventiva. No se trata solo de responder a los problemas, sino de anticiparse a ellos, formando personas capaces de autorregularse y perseverar.

En este marco, virtudes como la prudencia –que permite detenerse y pensar antes de actuar– y la fortaleza –asociada a la mentalidad de crecimiento– resultan clave. Ambas ayudan a sostener el esfuerzo, enfrentar desafíos y construir entornos más seguros y exigentes a la vez.

El bienestar, entonces, no es un punto de partida, sino una construcción cotidiana que se juega en las relaciones, en las rutinas y en las decisiones de cada día.

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