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Mar 2026 - Edición 300

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Carmen Gloria Larenas: «Me encantaría que la formación artística fuera parte de la educación en Chile»

Desde el año 2019 que Carmen Gloria Larenas es la directora general del Teatro Municipal de Santiago. La exbailarina clásica, periodista y gestora cultural recuerda su infancia ligada a las artes desde los cinco años y cómo esta vocación definió su carrera profesional. Asimismo, destaca la importancia de la formación artística en el desarrollo integral de las personas.

Por: Paula Elizalde
Carmen Gloria Larenas: «Me encantaría que la formación artística fuera parte de la educación en Chile»

-¿Qué recuerdos tienes de tu etapa escolar?

-Tuve una vida escolar muy estable y tengo fantásticos recuerdos. Siempre tuve una personalidad muy disciplinada que fue profundizada por el ballet, el cual empecé a estudiar a los cinco años. Por lo tanto, toda mi etapa escolar está necesariamente relacionada y conectada con mi etapa de formación como artista y bailarina. 

Mi colegio era bastante exigente y me gustaba mucho aprender. Por lo tanto, viví esa etapa con mucha alegría y con el recuerdo de aquellos profesores que me abrieron un universo de materias que me interesaban como historia, filosofía, química y física. 

El arte fortalece muchas áreas importantes del ser humano: la tolerancia a la frustración, el trabajo en equipo, la concentración, la relación con el tiempo, entre otras.

Más grande, desde I y II medio, me tocaron unos años bien pesados respecto a la combinación entre el estudio, venir al centro, pero siempre lo viví con mucha alegría. Nunca me costó, estaba cansada, pero creo que no lo hice mal. 

-¿Algún profesor que te haya marcado?

-Mi primera profesora de ballet, Virginia Hellman, quien hacía clases en mi colegio, la Alianza, marcó profundamente mi formación artística. También recuerdo con mucho cariño a madame Anita en primero básico y a monsieur Lecak, mi profesor de física: exigente y riguroso, pero inspirador y estimulante. En general, tuve profesores y profesoras que dejaron una huella muy positiva en mi formación. 

-Egresas del colegio y te dedicas a la danza y luego al periodismo. ¿Cómo fue ese paso?

-Cuando egresé, yo ya estaba bailando en el Municipal, y mis papás me dijeron que, de todas formas, diera la PAA (así se llamaba la PAES en esos años). Ellos tenían muchas dudas respecto a seguir una carrera artística. Di las pruebas que tenía que dar, con la formación que el colegio me había dado, y me fue bastante bien. Sentí que había cumplido y con eso cerré esa etapa de estudiante de la manera formal como mis papás querían. 

Después lo agradecí mucho. Al egresar, empecé a dedicarme exclusivamente a la danza y años después, decidí cambiar de rumbo y ahí esa prueba, que había dado sin mucha convicción, fue la que me permitió estudiar Periodismo después de 10 años de haber salido del colegio. 

-¿Qué te lleva a hacer ese cambio?

-Yo te diría que mis expectativas se vieron un poco frustradas. Y, por otra parte, el rigor y la exigencia diarios comenzaron a ser más pesados. Todo el tiempo que estudié danza, lo viví con mucha alegría, pero cuando sentí que ese entusiasmo empezó a mermar, consideré que, por respeto a esa carrera que me había dado tanta alegría y ese arte, tenía que dejar de bailar. 

Fue un proceso largo, de casi todo un año, no fue fácil y finalmente después de ese año de reflexión, decidí que periodismo era la carrera que tal vez más me iba a resultar. Por una parte, podía seguir en contacto y escribiendo de arte y cultura, que era lo que a mí me interesaba como área, y al mismo tiempo, siempre me había gustado leer y escribir.

Estuve cinco años en la Universidad Andrés Bello, la que me abrió las puertas a otro camino profesional. Cuando uno ha crecido desde los cinco años pensando que va a ser algo y eso cambia, es muy complejo. 

-Luego, como periodista, vuelves al Teatro Municipal, y más tarde, tras tu paso por el Teatro del Lago de Frutillar, nuevamente regresas como directora general. ¿Cómo ha sido este desafío?

-Me parecía muy lindo volver en un nuevo rol a un lugar que quería mucho, como este. 

Y hacerlo como directora general ha sido un regalo, ya que nunca hice nada en concreto para llegar acá. Creo que tomé buenas decisiones en lo profesional y traté de dar lo mejor de mí en cada cargo que tuve, siempre queriendo aprender y mejorar. 

Llegué justo en octubre de 2019 y hoy día, por fin, estamos viviendo un momento de mayor “normalidad”, sin tanta excepcionalidad, pudiendo desarrollar junto a todo el equipo una labor desde lo artístico que sea significativa, con foco renovado en los públicos, en la formación y educación, que son áreas que a mí me gustan mucho. 

El 2025 año fue excelente para nosotros, muy generoso desde muchos puntos de vista. Estamos muy contentos con los resultados y esperamos que este sea tan bueno en la cantidad de público, en el resultado artístico sobre el escenario y en la labor educativa y formativa que el Teatro tiene. 

-¿Ves con optimismo el ambiente del teatro y la cultura?

-Mira, quienes estamos en cultura, siempre tenemos que estar optimista porque los desafíos son permanentes y variados. Creo que hoy hay un público mucho más diverso, que se siente llamado a vivir la experiencia de las artes que cultivamos. Eso me da mucha esperanza: las nuevas generaciones se relacionan con la cultura de una manera menos formal, lo que las vuelve más flexibles y dispuestas a vivir experiencias nuevas.

Me encantaría que la formación artística fuera parte de la educación en Chile. El arte fortalece muchas áreas importantes del ser humano: la tolerancia a la frustración, el trabajo en equipo, la concentración, la relación con el tiempo, entre otras. Estoy convencida de que todo eso que creció conmigo desde los cinco años hizo que me fuera muy bien en la universidad y en mis trabajos, porque tenía una disciplina y una responsabilidad a toda prueba.

Por eso, soñaría con un país donde esos beneficios de una formación, a través de la música, por ejemplo, pudiera ser mucho más extendido. No porque todos vayan a ser músicos, bailarines o cantantes, sino porque te moldea muy bien la personalidad. 

-¿Y qué invitación relacionada con el arte harías a los profesores?

-Es difícil dar recetas y aconsejar porque los profesores hacen una labor encomiable y difícil. Son tiempos muy complejos. 

Los invitaría a descubrir en ellos mismos si tienen algún interés artístico, para que puedan probar esto que te digo y vivirlo ellos mismos. Y una vez que recorran ese camino, ojalá incentivaran a sus alumnos a tener esa sensibilidad y a mirarse ellos mismos como profesionales más integrales. 

La especialidad es muy importante, pero yo siento que los mejores profesionales que uno ve no siempre son los que tuvieron la mejor nota o los más brillantes, sino aquellos que cuentan con un desarrollo personal completo. Ahí está nuestro desafío y donde encontramos las oportunidades más atractivas para poder formar buenos profesionales. 

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