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Mar 2026 - Edición 300

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La ética como cultura: formar personas íntegras para un desarrollo sostenible

En un escenario marcado por la desconfianza, la presión regulatoria y la incertidumbre social y económica, la ética vuelve a ocupar un lugar central en la formación integral. Janet Awad, presidenta de Fundación Generación Empresarial (FGE), reflexiona sobre la integridad como eje del liderazgo y la cultura organizacional, y entrega claves concretas para pasar del discurso ético a prácticas vividas.

Por: Marcela Paz Muñoz I.
La ética como cultura: formar personas íntegras para un desarrollo sostenible

Hablar de ética hoy no es referirse únicamente a principios abstractos o declaraciones formales, sino a la manera en que personas, líderes y organizaciones toman decisiones cotidianas, construyen confianza y proyectan su quehacer en el largo plazo. En contextos educativos y laborales, la ética se expresa como una cultura que se aprende, se practica y se transmite. Desde su experiencia en Fundación Generación Empresarial, Janet Awad profundiza en cómo la integridad impacta el liderazgo, la convivencia y la sostenibilidad, y por qué formar personas íntegras resulta clave para el desarrollo individual y colectivo.

Janet Awad, presidenta de Fundación Generación Empresarial (FGE), fue una de las relatoras de la Conferencia Internacional de Educación WorldSkills, que en noviembre pasado reunió en nuestro país a líderes para proyectar el futuro de la formación técnico-profesional.

-¿Por qué la integridad es hoy un factor crítico para el liderazgo y el éxito laboral?

-La coherencia entre lo que decimos, lo que hacemos y los valores que compartimos es uno de los pilares del liderazgo íntegro. Un liderazgo efectivo y confiable es aquel capaz de alinear palabras, acciones y principios. Cuando un líder dice una cosa y hace otra, no solo se genera desánimo, sino también desorientación y desconfianza a todo nivel, afectando el clima interno y la credibilidad institucional.+

La ética no es un discurso ni un check list: es una cultura que se vive a diario y que impacta directamente en la sostenibilidad y el desempeño de las organizaciones.

La capacidad de generar confianza a través de un liderazgo ético no solo es clave para el éxito laboral personal, sino también para el éxito colectivo de las organizaciones. Diversos estudios muestran que los líderes éticos tienen mayores probabilidades de ser promovidos y de sostener posiciones de liderazgo en el tiempo. Asimismo, las organizaciones que priorizan una cultura de integridad son más valoradas por clientes, colaboradores y grupos de interés, lo que se traduce en mayor atracción y retención de talento, y en relaciones más leales y duraderas.

-En un contexto de desconfianza institucional y alta exigencia regulatoria, ¿qué rol cumple la cultura de integridad?

-La integridad organizacional puede marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso, transformándose incluso en una ventaja competitiva. Cumple un rol fundamental al fortalecer la confianza interna y externa, mejorar la reputación, atraer y retener talento y asegurar el cumplimiento normativo, sentando las bases para la sostenibilidad de largo plazo.

Además, proporciona un marco ético que orienta las decisiones, asegurando que se tomen con transparencia, equidad y en beneficio del interés general. Las organizaciones que promueven esta cultura suelen ser más resilientes y están mejor preparadas para enfrentar entornos legales y regulatorios complejos, ya que logran detectar y abordar problemas antes de que se transformen en situaciones críticas.

-Existe una brecha entre la confianza que perciben los directivos y la que viven colaboradores y consumidores. ¿Cómo se explica?

-Esta brecha refleja un desacople entre ambos grupos. En muchos casos, los líderes tienden a tener una visión más optimista, asumiendo que sus decisiones son bien comunicadas y comprendidas, lo que no siempre ocurre en la práctica.

Un liderazgo íntegro es aquel que logra coherencia entre lo que se dice, lo que se hace y los valores que se promueven; cuando esa coherencia se rompe, la confianza se pierde.

Colaboradores y consumidores pueden sentir que sus voces no son escuchadas o que sus necesidades no son suficientemente consideradas. Sin embargo, los factores que más inciden en la percepción de confianza son claros: que las acciones se alineen con los valores que se promueven, que las promesas se cumplan, que exista comunicación transparente y oportuna y que haya tolerancia cero a las faltas a la probidad. Cuando una organización demuestra coherencia y consistencia en su actuar, se transforma en una organización confiable.

-¿Qué prácticas permiten pasar del discurso ético a una integridad vivida?

-Para que la ética no se reduzca a un código guardado en el computador o a un simple check list, es clave considerar varias prácticas. En primer lugar, el liderazgo desde la cima: los líderes deben ser modelos visibles, inspirando con acciones coherentes y consistentes.

A esto se suma la formación ética transversal y permanente, entregando herramientas concretas para enfrentar dilemas reales del día a día. También es fundamental vivir los valores, integrándolos en las decisiones cotidianas hasta transformarlos en hábitos compartidos. La gobernanza robusta, con políticas claras, códigos de conducta conocidos, sistemas de denuncia efectivos y comunicación transparente, es otro pilar esencial. Finalmente, los incentivos, reconocimientos y sanciones deben estar alineados con el propósito, junto con mecanismos de seguimiento y evaluación que permitan medir la evolución de la cultura de integridad.

-¿Por qué el “tone from the top” y el “walk the talk” son claves para construir confianza?

-Todo cambio exitoso debe ser promovido desde la cima de la organización. Gobiernos corporativos, directorios y líderes deben predicar con el ejemplo, siendo coherentes entre palabras, acciones y valores, e inspirando al resto a hacer lo mismo. Se requieren líderes promotores del cambio, empáticos y visibles, capaces de generar confianza y compromiso en sus equipos.

Ética y resultados concretos

Más allá del impacto valórico, ¿cómo se traduce la integridad en sostenibilidad y desempeño?

“La integridad tiene efectos directos en la sostenibilidad, la satisfacción laboral y el desempeño organizacional. Las organizaciones que invierten en ética reducen significativamente la rotación de colaboradores y aumentan los niveles de satisfacción laboral. Además, las empresas reconocidas por su comportamiento ético muestran mejores resultados financieros y mayor preferencia por parte de los consumidores. Actuar con integridad no es solo moralmente correcto, sino una estrategia inteligente para el éxito y la sostenibilidad”.

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