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Regístrate y accede a la revistaEl proceso de un colegio para transformarse en un establecimiento inclusivo es demandante; sin embargo, los beneficios son múltiples. Obliga a los profesores a renovar sus prácticas y a vitalizar su mirada y su rol dentro de la sala de clases.
Alumnos con dificultades específicas en el aprendizaje, con problemas emocionales, familias inmigrantes o con estilos diferentes, son solo algunos de los factores que hacen que hoy tengamos una sociedad heterogénea y la escuela es una muestra de esto. Este nuevo escenario desafía a los colegios, les exige responder de manera adecuada a los requerimientos de formación de cada uno de sus estudiantes y familias.
“Sin pensar en Necesidades Educativas Especiales (NEE), la escuela es ya diversa y si su abordaje no es inclusivo, es predecible un problema de clima escolar, serias dificultades de disciplina, etcétera”, aseguran Pía Sandoval y Juan Ignacio Canales, relatores de Grupo Educar y expertos en materia de inclusión escolar.
—¿Cómo es el proceso que deberían llevar a cabo los colegios para transformarse en establecimientos inclusivos?
—Juan Ignacio Canales (JIC): El trabajo que realizan los colegios que deciden declarar la Inclusión Educativa tiene que ver con tener coraje, afrontar la incomodidad del cambio y disponerse a ser humildes para aprender de la experiencia.
También requiere de un líder que pueda sostener dicho compromiso en el largo plazo. Cuando el director de la comunidad educativa invita a su equipo a asumir este desafío, lo que hace es afrontar la ceguera en que se vive, invitar a ver con nuevos ojos, reconocer que en ellos puede habitar el miedo, la ignorancia y la desconfianza que hacen cerrar las puertas a todo lo que aparece como diferente a lo ya establecido.
—Entonces, ¿cómo se comienza?
—Pía Sandoval (PS): El trabajo inicial es, por lo tanto, con el equipo de educadores y la comunidad de padres, dando espacio para compartir, sin enjuiciar los temores, los mitos y las esperanzas que produce esta invitación. Es natural tener miedo a lo desconocido y presentar resistencia a la diversidad en un mundo que ha tendido a homogenizar la escuela, a estandarizar los procesos de enseñanza-aprendizaje en pos de sus resultados, “saltándose” los procesos que de alguna manera terminan por determinar el tipo de logro que soy capaz de alcanzar.
Sin duda, habrá que “gastar” la mayor energía en trabajar el proyecto inclusivo con este grupo específico de adultos (padres y profesores). Ambos, por razones diversas, pondrán las mayores resistencias en su implementación. La experiencia revela que es en estos estamentos donde inicialmente existe mayor resistencia al cambio y a la innovación. Por el contrario, serán los alumnos los más flexibles y abiertos a recibir y a acoger.
—¿Cuáles son las principales inquietudes de los profesores cuando se les plantea la creación de un Programa de Integración Escolar (PIE) en su colegio?
—JIC: La inclusión es un desafío para “toda la comunidad”. A los profesores no se los puede dejar solos a cargo de la inclusión. Se requiere trabajar en equipo de forma sistemática junto a los alumnos, padres, todos los educadores, auxiliares y directivos del colegio.
Estos últimos años se ha puesto énfasis en los resultados y los profesores se han visto extremadamente presionados por ello. Es evidente que incluir a niños con NEE exige gasto de energía, implica que todos aprendan y se desarrollen exitosamente, no solo en lo que se refiere a sus resultados académicos.
Otro miedo es el control de la disciplina, el clima en la sala de clases y el nivel de interferencia que puedan producir estos alumnos, pero la experiencia indica que el tema del clima en la sala de clases es hoy una realidad compleja por otros factores, no son los niños “diferentes” quienes causan problemas de disciplina, justamente el abrir las puertas a la inclusión ayuda a generar estrategias para un buen clima en la sala de clases.
—¿De qué manera práctica los colegios pueden lograr la inclusión en el aprendizaje?
—PS: Se busca adaptar materiales, espacios y estrategias para que todos los niños accedan al currículum, no hacer planes paralelos ni marginar a los alumnos con NEE de la clase o los contenidos, utilizar todos los medios disponibles para que accedan al aprendizaje.
La planificación debe contemplar la realidad de los estudiantes, debe considerarlos en sus barreras para el aprendizaje y proporcionar soluciones para ello. Por ejemplo, un niño con dificultad visual, podrá recibir el texto de manera auditiva, uno con dificultad motriz tendrá otro tiempo para el desarrollo de tal actividad, un alumno con dificultad de autocontrol recibirá más pauta y control, etc. Se puede anticipar la ayuda que se solicitará a los especialistas, como trabajar cierto vocabulario con antelación o acompañamiento en un momento de la clase.
La clase debe considerar los diferentes estilos de aprendizaje, contemplando materiales que se ajusten a los ritmos y los estilos cognitivos. Así también, las evaluaciones podrán tener modificaciones si es necesario. No hay una sola manera de incluir; no hay una escuela o modelo inclusivo que nos señale “cómo hay que hacerlo”. Por el contrario, este es un camino que cada establecimiento debe diseñar mirando su propia realidad y cultura. Muchas veces surgirá la sensación de que no progreso; o que no lo hacemos como tal o cual escuela lo está desarrollando. Son los fantasmas de la incertidumbre. Nadie puede conocer mejor cómo hacerlo, que la propia comunidad escolar; y en este proceso, la humanidad y la calidad profesional de los educadores de cada escuela es un factor clave.
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